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En el momento de la ordenación, el diácono recibe la gracia sacramental, pero también se derrama sobre su entorno, especialmente sobre su familia. A pesar de las gracias recibidas en el sacramento del Orden, un diácono puede fracasar en su matrimonio, para ello puede ayudar el seguir estos diez sencillos pasos y la debacle estará asegurada, a menos que el Señor intervenga con su gracia.
Puntos clave para fracasar como diácono en el matrimonio:
1. Que el diácono viva su matrimonio como una carga que le impide entregarse a su ministerio, sin darse cuenta que el suyo es un matrimonio de tres: el diácono, su esposa y en medio, Jesucristo.
2. Olvidarse que es en el matrimonio y en la familia, donde se debe ejercer prioritariamente la diaconía.
3. Dejar a la esposa en un segundo lugar. Hay que jerarquizar: primero se recibió el sacramento del matrimonio, y después el del Orden. No deben entrar en contraposición, pero s hubiese que anteponer alguno, será el que se ha recibido primero, el matrimonio.
4. Dificultad por parte de la esposa del diácono en compartir la misión diaconal en la Iglesia, viviendo totalmente al margen del ministerio de su marido, como si fueran «cosas de él». El diácono y la esposa deben ser verdaderas parejas diaconales. Aunque a veces nuestras esposas no puedan acompañarnos por distintas circunstancias (padres mayores y enfermos, hijos pequeños, carencias económicas, etc.), necesitamos contar siempre con su apoyo y acompañamiento desde el corazón y desde la oración
5. No rezar juntos los esposos ni la familia. Abandonar poco a poco la oración conjunta, empezando por la Liturgia de las Horas.
6. Que el diaconado sirva de excusa para no estar en casa. ¿Estaremos dando mejor testimonio de nuestro ministerio si pasamos más tiempo en la parroquia que con nuestra familia?
7. Haber pensado que en el matrimonio, en la familia, todo es maravilloso, lleno de besos, abrazos, tranquilidad y paz, olvidándose que el verdadero amor es el que cuesta.
8. Creer que lo importante para mi esposa y mis hijos es llevarles el mayor sustento económico posible y no hacer que nuestra vida matrimonial y familiar como diáconos sea realmente una opción compartida de servicio cristiano.
9. Falta de comunicación: Armonizar las necesidades familiares, ministeriales y laborales del esposo requiere gran esfuerzo, generosidad y diálogo constante por parte de los cónyuges, para encontrar un equilibrio entre estos ámbitos.
10. Descuidar el lenguaje no verbal con la mujer: besos, abrazos, regalos,..con ella forma una misma carne, ella es el amor de su vida, compañera en esta aventura y el sustento de su vocación y ministerio y ella se lo merece todo.
¡Por favor, diácono: NO sigas estas recetas!
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