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Xtantos: Nombres, rostros, la Iglesia española se mueve
(Xtantos).- Familias vulnerables, personas sin hogar, mujeres víctimas de la violencia, ancianos en situación de aislamiento, inmigrantes... No importa el lugar de nacimiento, la raza, el sexo, la religión o las opiniones personales. Las parroquias y centros de la Iglesia acogen a todo aquel que acude en busca de apoyo. Una ayuda, material y espiritual, que solo se entiende con la entrega generosa de los más de 16.000 sacerdotes, 35.000 religiosos/as y los miles de voluntarios que cada día ofrecen parte de su tiempo sin esperar nada a cambio, al igual que los misioneros fuera de nuestro país.
Jorge de Dompablo es sacerdote de Madrid y lleva 30 años abriendo su casa a los excluidos. Desde pequeño, vivió en Los Cármenes, “una zona desfavorecida donde había demasiada droga”, explica. Diez años después de recalar en el barrio, empezó no solo a ver la droga en las calles, sino también “entre mis amigos”.
Frente a ello, a De Dompablo le impresionó el cura de la zona, que “enseguida se percató del problema y se dedicó a ayudar a los jóvenes” adictos. Todo esto “fue conformando en mí un compromiso ante las dificultades y un modo de ver la vida” de donde “me nació la vocación sacerdotal”. Santa María del Parque fue el primer templo, pero no el único en el que este cura unió el culto con la atención a los necesitados.
Lo hizo también en El Berrueco, donde recibió a toxicómanos e inmigrantes marroquíes; en Manzanares, donde se centró en las migrantes de América del Sur; o en la parroquia de San Jorge, donde “donde pude ayudar a los jóvenes a descubrir a unos pobres que al principio no eran capaces de ver”. Fue el germen del grupo Bocatas, apunta sonriente.
Desde su fundación en 1997, más de 1.350 madres y 800 niños han pasado por Ainkaren, la Casa Cuna de Zaragoza que acoge sin pedir nada a cambio a mujeres embarazadas con dificultades económicas o sociales. Detrás del proyecto está Teresa González, quien hace casi 40 años, “cuando estaba alejada de la Iglesia”, hizo un Cursillo de Cristiandad: “Allí descubrí a un Dios padre, a un Dios amor, que nos quiere a todos tal como somos y nos hace ver al prójimo como a un hermano al que apoyar”. Con esta visión, se preguntó a finales de los noventa: “¿Y si abro una casa y salvo una vida?”.
“Muchos son nacimientos prohibidos, bebés que no iban a nacer y que hoy son chavales que vienen a visitarnos”, explica González, que como presidenta de Ainkaren, lucha cada día por “contribuir, en lo posible, a que mujeres y niños en estado de pobreza o marginación puedan cambiar de forma real sus expectativas de futuro”.
El Polígono Sur de Sevilla, dentro del que se encuentran las famosas Tres Mil Viviendas, es una de las zonas más deprimidas de España. Por allí pasa a diario Carmen Aguado León de camino a la Universidad Loyola, en donde estudia Derecho y ADE. “Las familias que viven allí son familias humildes, de clase trabajadora”, explica esta joven, una de las 50 voluntarias universitarias que participan del proyecto Creando Vínculos. Se trata de una iniciativa desarrollada por las Religiosas de Jesús-María junto con jóvenes universitarios que se basa en la educación no formal de las familias del entorno.
En concreto, los jóvenes ofrecen apoyo escolar a un grupo de niños del barrio, y “trabajamos también la educación en valores a través del juego en la calle. Hacemos diferentes juegos cooperativos, dándoles pautas sobre el trabajo en equipo y fomentando las normas básicas de convivencia”, asegura Aguado León.
Hace poco más de seis meses desde que Julián Díez, misionero burgalés, llegó a Tabarre, en Puerto Príncipe (Haití). Días antes, el 14 de agosto de 2021, un terremoto de magnitud 7,2 sacudió el sur de la isla, provocando miles de muertos y heridos. “Más de un millón de personas se han quedado en la calle. Este desastre natural y el asesinato del presidente del país hicieron que Haití cobrara algo de protagonismo internacional… pero solo por unos días”, reflexiona Díez, quien explica su servicio con humildad: “Mi primera labor aquí es conocer la realidad en la que vivo.
Junto al anuncio del Evangelio a través de las catequesis, de las celebraciones litúrgicas y de la administración de los sacramentos, los misioneros hacemos un trabajo social, que conlleva las mejoras de condiciones de vida, de higiene, de formación profesional de las gentes, todo ello para el bien de la comunidad”.
San Benito, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente, dejó escrito que “son verdaderos monjes cuando viven del trabajo de sus propias manos”, una máxima que sor María Isabel Pérez Villasur ha cumplido a rajatabla durante toda su vida, incluso en la actualidad, cuando tiene 83 años y medio cuerpo paralizado debido a un ictus cerebral. Pese a ello, el tesón de la religiosa para que su superiora le diera un trabajo con el que poder seguir sirviendo se vio recompensado cuando la abadesa accedió a su petición de encargarse de la campana.
Pero la campanera no solo toca el instrumento o pela las patatas, sino que también reza por las distintas intenciones que le llegan a través de la Fundación De- Clausura. “Ahora lo estoy ofreciendo por la situación en Ucrania”, asegura la religiosa instantes antes de estallar en lágrimas.
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