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Fernando García Cadiñaños dice que la Iglesia tiene que "reivindicar el trabajo digno"
Parapetado en la doctrina social de la Iglesia, el obispo de Mondoñedo-Ferrol vislumbra un otoño de crecientes dificultades económicas y sociales, y como ya ha demostrado hasta ahora en su corto ministerio episcopal en Galicia (desde septiembre de 2021), Fernando García Cadiñaños estará cerca de los más necesitados.
“Tenemos que estar cerca no solo con Cáritas en su dimensión asistencial, también a nivel de promoción de nuestro trabajo, de reivindicación y de incidencia política”, señala el pastor mindoniense, cuya voz ya se dejó oír al implicarse en cuestiones que afectan al futuro de una parte de su diócesis, por ejemplo, con el cierre de Alcoa, uno de los motores de la industria en el norte de la provincia de Lugo, lo que le costó algunas críticas, como cuenta en una entrevista con el diario El Progreso.
“A veces noté sorpresa y a veces recibí algunas críticas. Pero hay que estar en nuestra realidad social. Una cuestión que me llamó la atención fue que la diócesis tiene un tejido industrial amplio y con distintas problemáticas: en Viveiro, en Somozas, en Alcoa… Sí, hice referencia al futuro nuestro de esta comarca y de Galicia, porque como Iglesia tenemos que ser cercanos y levantar esa voz de atención, cercanía, de reivindicación del trabajo digno. Es un tema clave”, señala el obispo.
“Y además -prosigue- creo que se nos avecina un otoño caliente desde el punto de vista económico, con una crisis barruntando y tenemos que estar cerca no solo con Cáritas en su dimensión asistencial, también a nivel de promoción de nuestro trabajo, de reivindicación y de incidencia política”.
“Para mí eso es la doctrina social de la Iglesia -responde cuando se le señala que ese proceder no era el habitual entre los pastores-. Mi percepción no es la de que los obispos anteriores no se hubiesen metido. Yo acojo sin más la dimensión social de la fe y que el propio papa Francisco manifestó diciendo que hay que estar cerca del sufrimiento provocado a veces por causas naturales, pero otras por injusticias sociales, y nuestro ámbito de trabajo también tiene relación con la pobreza”.
Y, en este sentido, añade que para él, como obispo, “la fe tiene implicaciones en la vida diaria y normal. No responde a una dimensión paralela a la vida. Fundamentalmente tiene que ayudar a iluminar, acompañar, dar sentido, esperanza, fuerza en las realidades en las que cada ser humano vive”.
“La fe -concuye Cadiñaños- tiene una dimensión de salvación integral, trascendente y en lo que significa y supone vivir con humanidad los problemas concretos que hay que afrontar. Se hace un flaco favor si vivimos la fe en una dimensión exclusivamente espiritualista y alejada de los problemas humanos del día. Descubrir la fe enriquece el caminar constante del ser humano en todas sus dimensiones”.
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