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Somos testigos de los emotivos reencuentros con la puesta en marcha de la Fase 2
(Centro de Humanización de la Salud).- Este lunes ha amanecido soleado pero la luz y la alegría la han traído las primeras familias que, tras casi 3 meses de confinamiento han podido visitar a sus mayores en San Camilo. Son los primeros pasos de la Fase 2 de la desescalada en la Comunidad de Madrid y se dan bajo un estricto protocolo de seguridad marcado por la cita previa, un familiar por residente y 30 minutos de visita; así como la obligación de llevar guantes, mascarilla y mantenerse a dos metros de distancia, entre otros puntos, como no salirse de los circuitos independientes de entrada y salida de la residencia.
Lo importante es que por fin se han visto más allá de la tablet y ha sido tan emocionante como esperado, un lugar emblemático: el salón de actos La Plaza. El mismo espacio que se convirtió en un hospital de campaña para atender y aislar a los mayores con síntomas, gracias al cual muchos ahora pueden contarlo.
Paz ha venido en el primer turno de visitas, a las 11:00 horas, pero tenía un doble motivo: ver a sus padres: Mari Paz y Ennio. “No he dormido en toda la noche de lo nerviosa que estaba, -confiesa- pero ha sido muy emotivo. Lo que peor he llevado es la falta de contacto físico porque ni siquiera he podido abrazarlos. Además, entre la sordera, la distancia y la mascarilla, casi no nos entendíamos; pero lo importante es que ha sido muy reconfortante, porque hemos sufrido tanto desde casa sabiendo la situación en los hospitales… a pesar de lo que se nos informaba desde aquí.”
María Ángeles y Rosa han visitado a su padre Luis, pero esta última se tuvo que conformar con saludar desde la ventana. “Aun así, ha sido tan bonito, porque me ha reconocido” señala sonriente. “¡Qué emoción cuando he sacado la tablet! -destaca María Ángeles- y le han ido saludando los niños y el resto de la familia por videollamada… hasta ha llorado de emoción asintiendo al nombre de cada uno… Ya mismo voy a pedir cita para la semana que viene. Estamos tan felices y tan agradecidos al centro por volcarse tanto con todos los residentes. Nos consta que ha sido un gran esfuerzo.”
Por su parte, Marceliano ha podido conversar con su mujer Virtudes. Mientras su hijo José observaba desde el jardín. “Este momento es tan especial para visualizar que ya va pasando la tormenta –afirma- Es una gran idea y está muy bien organizada. El trato es excelente y agradecemos a San Camilo cómo lo ha llevado todo.” Le interrumpe su padre “Si no hubiera sido por este centro mi mujer posiblemente habría fallecido en el hospital donde ingresó al romperse la cadera, pero providencialmente al trasladarla aquí para realizar la rehabilitación y después quedarse al comenzar el Estado de Alarma… ahora puede contarlo” explica Marceliano emocionado.
Tres historias diferentes, como cada una de las que conviven en San Camilo, que continuarán escribiéndose a medida que pasen los días.
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