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En Aragón, son el 16% de los curas, donde sirven en el 37% de las parroquias
La Iglesia en España celebra desde 1959, cada primer domingo de marzo, el Día de Hispanoamérica. Se trata de una jornada organizada por la Conferencia Episcopal Española (CEE) para recordar a los sacerdotes españoles que han salido de sus diócesis de origen para colaborar con la Iglesia católica en Latinoamérica, unos 150 en la actualidad, agrupados en la llamada Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Sin embargo, hoy son ya más los curas llegados de aquellas latitudes a España hasta el punto de que la atención sacramental en numerosos puntos de la España vacía sería impensable sin ellos.
En 2012, eran alrededor de 500 los curas extranjeros que estaban en España, muchos completando estudios, lo que no les impedía atender pastoralmente allí donde eran requeridos. Una década después, son ya 1.500 los sacerdotes llegados de otras naciones, una proporción que aumenta a medida que disminuye el número de sacerdotes españoles (15.669 en la actualidad), debido por un lado a la falta de vocaciones y, por otro, a las inflexibles leyes de la biología.
Las diócesis de Aragón han querido celebrar el Día de Hispanoamérica con su particular -y muy merecido- homenaje a los curas latinoamericanos que se han instalado en sus parroquias y a los que no siempre se les reconoce como merecen. “Los misioneros, que en nuestra niñez eran la aguerrida gente de nuestros pueblos que cruzaba ‘el charco’ para estar con los más pobres, son hoy aquellos niños de Colombia, Perú o México que hoy están entre nosotros”, señala la publicación Iglesia en Aragón.
“De las 1.335 parroquias que tienen nuestras seis diócesis aragonesas, medio millar cuentan con el servicio de alguno de los 114 sacerdotes venidos de Hispanoamérica y que suponen ahora mismo el 16% del presbiterado de Aragón. Las cifras no dejan lugar a dudas: han venido a ocuparse de los últimos. Pueblos pequeños, dispersos y remotos, con una población envejecida, en los que la orografía, el clima y, sobre todo, la soledad, no ponen las cosas fáciles”, señala.
En aquellas tierras, como en tantas otras afectadas por el envejecimiento y la despoblación, los curas venidos de América Latina se ocupan de más de un tercio de las parroquias (concretamente, del 37%) y son también de aquellos países “quienes nutren los monasterios con nuevas vocaciones que van renovando las envejecidas filas de religiosos y religiosas que nos quedan”.
Un ejemplo claro de este viaje desde el Nuevo Mundo para evangelizar en la Vieja Europa es que el llevan dando desde hace 22 años en la diócesis de Tarazona los Misioneros de la Natividad de María, una comunidad de religiosos mexicanos que atiende a un puñado de parroquias del Alto Jalón que, como señaló el obispo Vicente Rebollo en 2022, al celebrar las dos décadas de su llegada, no solo mantienen viva la fe cristiana en la España rural, sino que ayudan a fijar población y evitar la despoblación al mantener vivas tradiciones religiosas que atraen visitantes a los pueblos y conservando un patrimonio que se utiliza como reclamo turístico.
“Al llegar por primera vez, experimentas un cambio radical”, confiesa a Iglesia en Aragón su superior, Eladio Villa, quien tomó las riendas de la congregación hace unos meses. “Fue un contraste muy fuerte entre lo que dejas y lo que encuentras: una sociedad envejecida, con un alto nivel de secularización, donde lo religioso se vive de forma muy distinta”.
Un cambio que, reconoce, experimentaron también sus nuevos feligreses, porque “cuando llegamos de México, fue también un choque para la gente de la zona. Éramos mexicanos, muy jóvenes… Estaban acostumbrados al cura de toda la vida”. Hoy, apunta, “el proceso se ha normalizado y nuestro carisma y espiritualidad ha calado en las gentes”.
El P. Villa y sus compañeros saben, en todo caso, que forman parte de una misión “especial”, sirviendo en las diócesis más necesitadas de curas y atendiendo a las parroquias menos “atractivas”, como señala al medio eclesial de Aragón. Pero muy conscientes también de que es otra forma de estar con los últimos.
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