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Confusión y preocupación entre las clarisas y las diócesis implicadas
"El convento es de la Iglesia. Si ellas se van voluntariamente de la Iglesia, se tendrán que ir del convento. Así de claro". Los expertos en Derecho Canónico y Vida Consagrada consultados por RD no tienen ninguna duda: si las monjas cismáticas de Belorado persisten en su ruptura con la Iglesia, y consuman el cisma, serán excomulgadas y, consecuentemente, perderán todo derecho a participar en actividades de la Iglesia. Y, también, a vivir en propiedades de la institución.
Y es que el escándalo de las monjas cismáticas, que cada vez tiene más pinta de cuestión patrimonial -y de pugna por el poder de una abadesa que, en apenas dos semanas, el 29 de mayo, tendría que abandonar su puesto- que de lucha religiosa. Y es que la legislación canónica, aplicable a la justicia civil en virtud de los Acuerdos Iglesia-Estado establece que la propiedad de los edificios es de la Iglesia, a través de sus instituciones legalmente establecidas: diócesis, órdenes y congregaciones religiosas, etc...
Si se diera el caso, ciertamente inédito en España, de que una comunidad religiosa abandona formalmente la Iglesia, dejaría de estar bajo el amparo de dichos acuerdos, y de la normativa, canónica y civil, que se les aplica. En otras palabras: el convento de Belorado, como los de Orduña y Derio, pasarían a la Federación de Nuestra Señora de Aránzazu, la provincia clarisa de Cantabria (sede en Burgos), que actualmente cuenta con 32 conventos (29 en España y 3 en América).
¿Y qué pasaría con las monjas? Que, al no serlo, y no formar parte de la comunidad, ni de la Iglesia, tendrían que abandonar el convento. También, seguramente, el reconocido 'Obrador del convento' donde elaboran los dulces que se han hecho mundialmente famosos y les han permitido ser autosuficientes. Es más: si la cosa se enquista, en lugar de los 1,6 millones de euros que la todavía abadesa ha reclamado como pago por el importe de las obras realizadas por su comunidad en el Monasterio de Orduña y un 30% por daños y perjuicios, y que actualmente está judicializado, la cosa podría torcerse, y ser las ex religiosas las que tuvieran que afrontar las penas por daños y perjuicios.
¿Cuáles son las penas canónicas a las que habrían de enfrentarse las religiosas, en caso de consumar el cisma? Según el canon 1184 del Código, la herejía, el cisma y la apostasía, además de la excomunión, impedirían que las monjas pudieran recibir las exequias eclesiásticas. Esto es, no podrían ser enterradas conforme a la Iglesia. A su vez, no podrán recibir las órdenes sagradas (no podrían volver a profesar, llegado el caso). También serían removidas del oficio eclesiástico, algo que, por cierto, ya sufre el falso obispo Rojas.
Sea como fuere, lo cierto es que la situación ha causado una honda preocupación en la iglesia burgalesa y vasca, y en el pequeño pueblo de Belorado, cuyos habitantes asisten, perplejos y preocupados, a una situación que tiene auténticos tintes berlanguianos. La confusión es total, a la espera de recibir instrucciones de la Santa Sede, o saber cuál es la realidad del convento, si es cierto que todas las monjas han decidido, libre y conscientemente, abandonar la Iglesia católica, o si se trata de la penúltima estratagema de la abadesa, acompañada (o controlada) por el obispo Pablo de Rojas.
Cuestionado sobre el escándalo en Espejo Público, el arzobispo de Burgos, Mario Iceta, apuntaba a la necesidad de tener paciencia y "explorar en caso de que todas las monjas quieran abandonar la iglesia católica y someterse a la jurisdicción de Pablo de Rojas”, algo que todavía no está claro.
Al tiempo, avanza que "también se trata de un tema inmobiliario con unas propiedades. Nosotros no tenemos ningún problema con las propiedades, cada institución de la iglesia tiene sus propias propiedades y aquí el arzobispado ni entra ni sale". El problema vendrá, como hemos explicado, cuando las monjas confirmen su cisma y, por tanto, ya no sean institución de Iglesia.
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