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"Nosotros y nuestras familias. Y nuestras heridas". Dentro de esos tres vértices expresa su dolor una víctima de abusos sexuales del clero. David (nombre ficticio) habla con Religión Digital sobre el duro proceso de denunciar y esperar a que se haga justicia, en un juicio que comienza el próximo día 8. Fue abusado cuando era monaguillo, por el sacristán de su parroquia de Cieza (Murcia). Con el encubrimiento del sacerdote a cargo de la parroquia, y el ostracismo al que le sometió el resto de la comunidad eclesiástica, incluido el obispo de Murcia. "Nos vetaron", dice David. A él y a dos víctimas que también denunciaron los mismos abusos.
¿Cuánto tiempo lleva esperando el juicio?
La primera denuncia se presentó en el Obispado de Cartagena en el 2013, solicitando ayuda a nuestro Obispo. Ante el Vicario General de la Diócesis, D. Juan Tudela, denunciamos los abusos, maltratos y violaciones que sufrimos.
También el más que claro encubrimiento del párroco, D. Antonio Muñoz Catalán. Desde que empezamos a ser conscientes de lo que el sacristán hacía con nosotros, informamos al párroco fuera del Sacramento de la Reconciliación. Confiando en nuestra iglesia y en los Vicarios Episcopales encargados de un supuesto proceso canónico, perdimos dos años. Esta pérdida de tiempo casi hace que prescriban algunos delitos pero gracias a Dios llegamos a tiempo.
Dos eternos años de supuesto proceso canónico del que a día de hoy no tenemos ni la sentencia. Aunque el Obispo decía que el cura fue condenado por Roma... Tras ver con claridad que el Obispo ni siquiera nos recibía personalmente y dándonos cuenta de que los Vicarios Episcopales nos mentían constantemente, decidimos iniciar el proceso civil. En el año 2015 se presentó en el juzgado la primera denuncia, después se interpusieron dos denuncias más. Estamos esperando fecha de juicio desde hace 5 años, viviendo un larguísimo proceso de instrucción e investigación.
Por fin ha llegado la hora de la justicia... ¿Qué siente en estos momentos?
Si, el día 8 de octubre a las 10h en la Audiencia Provincial de Murcia. Verdaderamente siento paz, estoy tranquilo y confío mucho en la justicia.
¿El imputado le ha pedido perdón en algún momento?
Nunca, ni el imputado ni tampoco el sacerdote encubridor, párroco en aquellos años. Tampoco el Obispo, que recibió solo a uno de los denunciantes presionado por la intervención de otro Obispo, Monseñor Munilla. A día de hoy yo ni lo conozco personalmente. No he recibido ni una sola llamada del obispado.
¿Espera una condena ejemplar para el imputado?
Sí, como le he comentado, confío plenamente en la justicia. La condena debe ser ejemplar. Luz para la verdad que tantos se empeñaron en ocultar.
¿Cómo se puede reparar el daño moral, psíquico y hasta económico que ha sufrido usted?
Yo solo aspiro a que la verdad sea conocida. No pienso en nada más. Nuestras heridas solo Dios las puede sanar, solo él les puede dar sentido.
¿Ha tenido problemas en un pueblo como Cieza, donde todos se conocen?
Muchísimos. El sacerdote facilitó nuestros nombres a toda la feligresía, nos puso a media ciudad en contra. Nos calumnió y hasta reveló secretos de confesión, para hacernos daño. Hace unos meses gané un juicio por amenazas de muerte con escopeta, por parte de un amigo íntimo del sacerdote y del sacristán. Le retiraron el permiso de armas y la escopeta, está pagando una multa económica mensualmente y tiene orden de alejamiento.
¿Los otros curas del pueblo le apoyaron?
Para nada, casi todos dejaron de hablarnos. Nos vetaron en nuestras actividades parroquiales. Nos alejaron de nuestros entornos parroquiales, de nuestros hermanos en la fe, de todas las actividades que hacíamos para colaborar en nuestras parroquias. Según ellos, como castigo por hablar mal de D. Antonio Muñoz y del Obispo.
¿Y el obispo de la diócesis?
Como ya he comentado solo atendió una vez a uno de los denunciantes y nunca más se supo. Y para eso intervino Monseñor Munilla e importantes sacerdotes de otras diócesis que sufrieron mucho al conocer nuestras historias. Yo, a día de hoy, ni una sola llamada. El tercer y último denunciante está igual que yo.
Si pudiese hablar con el Papa, ¿qué le diría?
Que celebrara la Eucaristía como cada día y la ofreciera por nosotros, y nuestras heridas. También por nuestras familias, especialmente nuestros padres.
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