"Se está abriendo en algunas iglesias locales un intenso e interesante debate teológico-pastoral"
Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos: cinco decisiones posibles
El arzobispo de Tánger traza un crudo relato del Evangelio de los pobres, los migrantes, los descartados
"Yo he bautizado a niños que hoy están en el fondo del Estrecho". El arzobispo de Tánger, el gallego Santiago Agrelo, hizo enmudecer al auditorio del simposio organizado por la revista 'Vida Religiosa', con un crudo relato en el que mostró cómo tantos muertos, tantos descartados, tantos inmigrantes escondidos, perseguidos, asesinados, siguen llamando a las puertas de las conciencias de una Europa adormecida.
Y lo hizo denunciando, con dureza, la situación en que se vive en la frontera Sur. "Yo vivo en la frontera más conflictiva del mundo, más que la de México con Estados Unidos. Desde que en julio hubo una entrada masiva de inmigrantes a través de las vallas de Ceuta, Europa y Marruecos se han puesto de acuerdo, y ha comenzado una verdadera caza al emigrante".
"Los emigrantes están refugiados en el atrio de la catedral, donde la policía no entra", denuncia el arzobispo español. "No los puedo llevar a mi casa, aunque tendría sitio de sobra, porque inmediatamente me acusarían de tráfico de personas", subrayó el franciscano, ante un auditorio enmudecido y lleno de lágrimas.
Una actitud que tanto ha denunciado el Papa Francisco. Una 'cultura del descarte' que, lamentablemente, también se observa en la Iglesia. "Qué cerca está el día en que venga para Jesús el camión de la basura que lo apartará de nuestra vista". "Yo he oído en el Vaticano, a un cardenal alertando que los musulmanes están repoblando Europa. Estuve por decirle al cardenal: tenga hijos y resolvemos en problema".
"El miedo, el cálculo, la identidad religiosa, la identidad cultural, la identidad étnica justificará la desaparición del Evangelio", proclamó con crudeza. Parafraseando la expresión atribuida a Bertold Brecht, Agrelo señaló cómo "primero se llevaron a Jesús, después a sus testigos. Siempre a los pobres, a través de los que Jesús sigue llegando".
“Jesús pertenece a esa humanidad secuestrada” subrayó Agrelo, quien trazó un paralelismo entre la situación que vive la Iglesia y el grito 'Boza', que los inmigrantes proclaman “cuando logran poner un pie en un metro cuadrado de la tierra que creen prometida”.
Un 'Boza' que significa, en congoleño, 'Victoria', pero que es una victoria llena de sufrimiento, muerte, violencia, descarte. Un 'Boza' que surge de los muertos en las pateras del Mediterráneo.
"Alguna vez -confesó Agrelo- he soñado en subir a la patera con ellos... No me podrían admitir, no porque no quisieran, sino porque ocupo un sitio. Pero si en el Estrecho muriera un obispo, igual cambiaba alguna cosa en Europa”, subrayó, para después bromear, ácidamente, un “vete tú a saber, igual piensan que lo mejor es que todos los obispos acabáramos allí”
“'Boza' nunca será tiranía de los que ganan, Boza es grito de humanidad esclavizada, y nunca lo será de señores, amos y dueños, que cierran a mujeres y niños el camino a la libertad. Boza es el grito de hambrientos, que creen haber llegado a una tierra de pan sobre la mesa”.
“'Boza' es grito de acosados. De controlados, de señalados que han conseguido burlar a los controladores, y no se oirá a los miembros del ejército marroquí, o la Guardia Civil a ambos lados de la valla, que sólo se ocupan de rechazar inmigrantes en la frontera”, denunció Agrelo, quien confesó que, en su oración, él escucha “'Boza' en el grito del crucificado”.
“Vamos a quitarle habitantes al hambre, vamos a quitarle súbditos a la soledad, vamos a arrancarle miembros a la muerte”, soñó el arzobispo de Tánger. “Vamos a liberar un clamor interminable de triunfo”. “Vamos mar adentro, donde naufragan los sueños, donde zozobra el futuro de los pobres, donde los vientos del poder sacuden la barquilla de los que buscan otra orilla”, añadió, mirando a los ojos de los religiosos y preguntándose “¿qué nos ha impedido no darnos cuenta de que estábamos traicionando al Evangelio”.
“Jesús fue un sin papeles, un sin derechos”, recordó Agrelo. “Un pobre, un nadie, considerado com una amenaza, como los inmigrantes, para quienes detentan el poder civil y religioso, y que muestran el miedo a esa amenaza que parecen ser los pobres”. “Jesús escogió pertenecer a esa humanidad, y ése es nuestro desafío como Iglesia y como vida religiosa”, culminó el arzobispo.
También te puede interesar
"Se está abriendo en algunas iglesias locales un intenso e interesante debate teológico-pastoral"
Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos: cinco decisiones posibles
La Plenaria de noviembre vendrá marcada por la elección del vicesecretario general de Asuntos Económicos
¿Es Alfredo Dagnino el 'tapado' para sustituir a Barriocanal?
El Grupo Godó galardona la Sagrada Familia por la coronación de la basílica
Omella, premio Vanguardia ‘Impulso Ciudades’ 2025
Después de un año paralizada en la Mesa de la Cámara Baja
La presión de las víctimas logra que el Congreso desbloquee la ley para que no prescriban los delitos de pederastia
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma