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"Si los pactos son verdaderamente un bien para la sociedad, bienvenidos sean"
El obispo de Sant Feliu de Llobregat, Agustín Cortés, sostiene en su carta dominical de esta semana que "siempre será mejor la tranquilidad de un pacto que la crisis del enfrentamiento continuo", y añade que "si los pactos son verdaderamente un bien para la sociedad, bienvenidos sean".
Aún así, advierte que los pactos políticos son "tan frágiles, estrechos y provisionales, como la satisfacción de nuestros intereses o el cumplimiento de nuestras ideas y proyectos".
Coincidiendo con las negociaciones de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, pero sin referirse a ellas explícitamente, el obispo Cortés ha hecho publicas sus reflexiones en un escrito que lleva por título "Pacto-alianza-encuentro-comunión (I)", lo que apunta a que tendrá continuidad.
Para Agustín Cortés, "el hecho es que los pactos políticos parecen en realidad acuerdos para equilibrar fuerzas. Funcionan a modo de contratos «casi» comerciales: llegamos a un acuerdo, yo te doy y tú me das", y por ello son "un bien para la sociedad".
El obispo de Sant Feliu de Llobregat señala que la política tiene el encargo de gestionar los conflictos en el ámbito del ejercicio del poder social, algunas veces favoreciendo el mismo conflicto, con la intención de defender un derecho, un proyecto o una idea; a veces superándolo".
"Es en esta tarea de 'superar' (y no 'solucionar', propiamente) el conflicto, donde a menudo se hacen los pactos. Por ello, en principio, los pactos en la vida política son buenos y deseables, si la finalidad es realmente buena", indica Cortés a los feligreses.
Del pacto a la comunión de vida hay un largo camino. Ante todo hemos de tener claro que son realidades muy diferentes. Quizá alguien no llegue a captar esta diferencia porque no entra en su imaginación qué significará eso de la comunión de vida.
Lo más normal es que entre nosotros existan pactos. Realidades semejantes a pactos se dan entre plantas y entre animales. Es lo que se llama “simbiosis”, es decir, seres vivos que sobreviven beneficiándose cada uno de lo que aporta el otro, “soportando” al mismo tiempo su presencia. Es una maravilla de la creación. A veces uno piensa que el llamado “equilibrio ecológico” no es más que un inmenso pacto de simbiosis.
Entre los humanos disfrutamos de múltiples pactos (comercio, economía, política, contratos, convivencia, relaciones personales, etc.), de forma que si no existieran no podríamos subsistir. Sin duda el pacto en sí mismo es un avance en nuestra convivencia, es un auténtico motor de progreso.
El único obstáculo es que con nuestra libertad podemos romper los pactos e incluso transformarlos en enfrentamiento: de vivir con el otro, podemos llegar a vivir contra el otro. Porque no solo respondemos a los mecanismos naturales, como las plantas o los animales, sino que somos inteligentes y libres, es decir, críticos; y, por eso, podemos llegar a la conclusión de que la presencia y la relación con el otro, no solo no nos ayuda a vivir, sino que nos perjudica, va contra nuestros intereses e ideas. Entonces viene el conflicto.
La política tiene el encargo de gestionar los conflictos en el ámbito del ejercicio del poder social. A veces favoreciendo el mismo conflicto, con la intención de defender un derecho, un proyecto o una idea; a veces superándolo. Es en esta tarea de “superar” (que no “solucionar” propiamente) el conflicto, donde se suelen dar los pactos. Por eso, en principio, los pactos en la vida política son buenos y deseables, si la finalidad es realmente buena. Se rompen, se buscan o se establecen según se cree oportuno.
Aunque no nos guste, vivimos inmersos en una constante lucha de poder. Porque el poder proporciona a cada grupo, nación, sociedad, pueblo, la capacidad de defender lo suyo, sus propias necesidades o intereses. No prejuzgamos por ello que todos los políticos entren en la lucha política con la intención de defender lo propio: en principio, damos por supuesto que son sinceros cuando afirman que no buscan otra cosa, sino el bien común. Es decir, que la idea propia, el propio proyecto, es lo mejor para el bien de todos. También aceptamos que los políticos buscan afinidades ideológicas, y que, por tanto, no solo buscan defender sin más “lo propio como tal”…
Pero ¿qué sustenta realmente un pacto político? ¿Qué le da valor y estabilidad? El hecho es que los pactos políticos parecen en realidad acuerdos para equilibrar fuerzas. Funcionan a modo de contratos “quasi” comerciales: llegamos a un acuerdo, yo te doy y tú me das. Entonces, si lo pactado es verdaderamente un bien para la sociedad, bienvenido sea el pacto. Siempre será mejor la tranquilidad de un pacto, que la crisis del enfrentamiento continuo.
¿Es eso toda la paz que necesitamos y constantemente anhelamos? Sin duda no. Son solo pactos. Tan frágiles, estrechos y provisionales, como la satisfacción de nuestros intereses o el cumplimiento de nuestras ideas y proyectos.
Pero nuestros sueños van mucho más allá.
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