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Investigadores de la Politécnica sugieren trasladar el Viernes Santo al 23 de abril
Retrasar la Semana Santa para que pueda haber turismo, y procesiones. Esta es la curiosa propuesta lanzada por un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, que ha sugerido posponer tres semanas la festividad y que el Viernes Santo, festivo en todo el país, se celebre el 23 de abril y no el día 2, como señala el calendario litúrgico.
¿Se puede 'retrasar' la Semana Santa? La respuesta eclesiástica es clara: "Imposible. La Semana Santa es mucho más que las procesiones o la fiesta. Es la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo", explica un obispo a RD. La decisión de suprimir las celebraciones en las calles fue "muy dura", señala otro prelado del sur de España.
Desde el punto de vista religioso parece clara la inoportunidad de la propuesta. No así desde el punto de vista epidemiológico y, especialmente, desde una visión económica: Semana Santa es uno de los picos de un sector, el turístico, mayoritario en nuestro país y que ha sufrido como pocos la crisis provocada por el coronavirus.
Según los investigadores, con esta medida se conseguiría que hubiera más gente inmunizada, aumentando así "el ratio de vacunación de personas vulnerables cuando se produjera el periodo vacacional, y con ello la reducción muy importante del riesgo que se ha visto, que llevan asociados estos periodos festivos, como se observó en diciembre". Porque una cosa es que no haya celebraciones, y otra que los ciudadanos no tomen vacaciones.
Una medida de este tipo, admiten los autores del estudio, "conllevaría dificultades de ajuste por la premura en la que se deberían realizar", pero recuerdan que no es inhabitual celebrar la Semana Santa a partir del 20 de abril. "Si el primer plenilunio de primavera hubiese acaecido del 18 al 20 de abril las festividades hubiesen coincidido con las fechas propuestas", añaden. No sería un problema social, educativo o laboral, recalcan. Sí lo es, y mucho, en cuanto al sentido religioso de la Semana Santa.
Una Semana Santa "segura", concluyen los investigadores, podría ayudar a la población a sobrellevar la fatiga pandémica tras un año de virus y también favorecería a sectores económicos, como la hostelería y el turismo. El debate está servido.
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