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El obispo de Alcalá desoye las recomendaciones del Gobierno y la Conferencia Episcopal
Como en los cómics de Asterix, pero sin ser el héroe, resiste al peso de la realidad. El obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig, es el único obispo empeñado en seguir dando misas abiertas al público, contraviniendo las recomendaciones de Sanidad y, lo que es peor en el ámbito eclesiástico, el sentir general del Episcopado.
Es más papista que el Papa. No puede, ni quiere evitarlo. Le gusta causar polémica, y presentarse como el garante de la fe. Aunque contribuya, con su actitud, a abonar el camino de quienes piensan que la Iglesia 'pasa' del coronavirus. Tres semanas después del comienzo del confinamiento, con más de 100.000 contagiados y 10.935 muertos en España, Reig sigue inasequible al desaliento.
En todo este tiempo, el prelado ha emitido cuatro decretos. Pero, siempre, manteniendo vigente la siguiente normativa:
"Asegurar la celebración de la Eucaristía en todos los Templos Parroquiales y demás comunidades, manteniendo los horarios habituales; que toda Eucaristía celebrada por cada sacerdote, ya sea solo o acompañado de un grupo reducido de fieles, lo haga “pro populo” o por el fin de la Pandemia, además de por las intenciones particulares".
Una actitud que ha generado duras críticas entre el resto de obispos, que no entienden la razón por la que Reig continúa desafiando a la autoridad y, sobre todo, poniendo en riesgo innecesario a su feligresía. "Si hasta el Papa está encerrado en Santa Marta", explica un obispo, poniendo voz al sentir general en la Conferencia Episcopal. Es cierto, añaden otros, que las iglesias pueden estar abiertas, "pero más como un símbolo de iglesia que acoge. Es irresponsable poner a los fieles en la tesitura de obedecer a su obispo y poner en riesgo su salud, y la de los demás".
Al comienzo de la crisis, algún otro obispo, como el de Jerez, o el de Cádiz, siguió los pasos de Reig. Incluso, Mazuelos llegó a firmar una suerte de 'permiso laboral' para que los fieles que quisieran asistir a la misa presencial no tuvieran problemas con la Policía, pero finalmente desistió. Y, aunque son siete las diócesis que oficialmente no han cerrado los templos (Cádiz y Jerez, pero también Valladolid, Barbastro, Alcalá de Henares, Granada y Córdoba), y que se ha dado conflictos en alguna parroquia de Cádiz o de Toledo, lo cierto es que el único obispo que se mantiene, 'erre que erre', es Reig Plá.
¿Por qué esta actitud? La Razón entrevistaba este jueves al cardenal de Madrid, Carlos Osoro. Pregunta directa: –El decreto del estado de alarma dejaba un estrecho margen para celebrar misas sin aglomeraciones. En la Comunidad de Madrid, usted y el obispo de Getafe suspendieron los actos y cerraron los templos. Sin embargo, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, se resiste…
Respuesta de Osoro: "Como arzobispo metropolitano hablé con los dos obispos. El de Alcalá ya había tomado la decisión de tener abiertas las iglesias y el de Getafe y yo decidimos cerrar. Hemos hecho objetivamente bien para impedir el contagio".
"La comunidad católica en España en general es consciente de que tenemos que cerrar físicamente las parroquias. Está clarísimo en todas las diócesis", apuntaba el vicepresidente del Episcopado, visiblemente molesto con el obispo de Alcalá, porque la Provincia Eclesiástica de Madrid sí que pidió el cierre de los templos. Y Reig, como siempre, se saltó la orden de su metropolitano.
"Tenemos que ser responsables todos. No compliquemos el asunto, confiemos en las autoridades sanitarias. No favorezcamos el posible contagio, que, según nos dicen, es muy grande. Si hay una epidemia que se prolonga en el tiempo, sería una irresponsabilidad. Tenemos que ser responsables. Esto no es una lucha contra la fe, ni una persecución a la Iglesia, es la persecución de un virus que puede llevar a la gente a morir", explicaba el presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, en una reciente entrevista en RD.
Pero Reig sigue sin hacer caso. Aun a costa de que haya habido contagios tras alguna de esas ceremonias. Que los ha habido. Y sin que parezca tener intenciones de deponer su actitud.
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