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El director general de Asuntos Religiosos explora el significado de la Cuaresma en una conferencia en Reus
El director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Ramon Bassas (1968), no vio procesionar ninguna cofradía en su Mataró natal hasta que hizo los dieciocho años por su cancelación. Por eso, este pasado jueves reconocía, desde la iglesia prioral de Sant Pere de Reus y en el marco de la que es su primera Cuaresma ejerciendo “una función similar a la de un seleccionador de fútbol en que se tiene una predilección directa por un equipo en concreto” —refiriéndose al catolicismo—, que no había vivido periodos cuaresmales ni pascuales “como los de antes“, es decir, como los anteriores a su década de nacimiento.
Esta era una de las primeras reflexiones sobre cómo se puede vivir la Cuaresma en pleno año 2025 por parte de quien —desde que ocupa este cargo, el pasado mes de septiembre— ha visitado la capital del Baix Camp en “numerosas ocasiones”, invitado por diversas de las confesiones que se reparten los 59 centros de culto que existen, y a los cuales se refería el mataronense en su conferencia. Esto ha hecho que Bassas no sea un extraño entre los ambientes religiosos de la ciudad, a diferencia de Dios, que “hoy en día lo es, de extraño, en nuestra casa”: “No sabemos cómo definirlo, mientras convivimos con una diversidad religiosa creciente y con una secularización provocada por una pérdida de la vinculación social con el hecho religioso en Cataluña”, admitía.
Hecho este análisis, el político y comunicador definía los “nuevos dioses”, como los que tienen color de extrema derecha y reciben el consentimiento “de tanta gente”, como la antítesis del monoteísmo que se pone a andar con Abraham, con incertidumbres pero confiadamente, y que “la Cuaresma mantiene intacto“, subrayaba Bassas. “Todavía hoy, tenemos dioses protectores y amenazantes para los cuales solo somos unos peones a su servicio, pero nuestra vida es más que esto“, observaba antes de recordar que “incluso cuando nuestra vida no vale nada estamos en disposición de preguntarnos qué son las cosas importantes y, de rebote, dónde está nuestro hermano“.
Centrándose en “no descartar hablar de la identidad”, Bassas acababa su conferencia con dos propuestas para tener en cuenta en medio del tiempo cuaresmal: “Por un lado, el cristianismo tiene que salir del armario por la humildad de saberse poco conocido o para ser tratado como se procede en un montón de identidades que conviven en nuestro espacio público. Y, por otro, la identidad de cada cual, entendida como un lenguaje propio, puede dialogar perfectamente con las otras identidades”, remarcaba Bassas al final de su intervención, en que sugería la importancia de “ponerse al servicio de la alteridad” como una acción para hacer estos días.
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