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"Esto puede acabar con el prior esposado", llegó a asegurar el Gobierno
El prior del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, opuso resistencia a la exhumación de Franco hasta el final, sin importarle las consecuencias que su actitud podría tener para la Iglesia, ni su propio futuro. "Esto puede acabar con el prior esposado", llegó a asegurar el responsable del Gobierno en la negociación, Félix Bolaños, en un encuentro con el cardenal Osoro, reconstruido por El País y eldiario.es que ha podido confirmar RD.
Como adelantó en exclusiva esta web, y pese a los intentos de blanqueo de distintos medios eclesiales a la actitud del prior Cantera, el benedictino estaba dispuesto a oponer resistencia, incluso física, a la exhumación, al considerar que el Tribunal Supremo (máxima instancia en nuestro país) no podía avalar lo que consideraba una "profanación".
Sólo si recibía una orden directa del Papa o la Santa Sede, Cantera admitiría la entrada de los operarios a la basílica. Una orden que llegó de la mano del cardenal de Madrid, quien después de la conversación con Bolaños y, con el aval de Roma, conminó al todavía prior a ceder y obedecer la ley. El mismo Osoro que, días después, recibía de los sectores ultracatólicos más nostálgicos del régimen la misma moneda que recibiera en su día el cardenal Tarancón: pintadas acusándole de traidor y de enemigo de España.
Y Cantera, in extremis, obedeció. El prior, no obstante, continuó dando problemas durante toda la semana previa a la exhumación, llegando a intentar boicotear el trabajo de la Guardia Civil y los operarios, y formulando una denuncia ante el Tribunal Supremo por la actitud de la Benemérita que fue desechada.
Su protagonismo, con todo, se mantuvo hasta el final: en las negociaciones con el Gobierno, la familia Franco exigió que Cantera oficiara un responso en Cuelgamuros, y que los 23 religiosos miembros de la Abadía estuvieran presentes en la exhumación. No lo permitió el Ejecutivo, y sólo Cantera tuvo permiso para participar en la despedida de Franco.
Aún así, la mañana del jueves Cantera se presentó junto a otros cinco monjes, que le eran -aseguró- imprescindibles para el responso. La autoridad no dio su brazo a torcer, y se plantó: o sólo Cantera, o nadie, en ningún caso los cinco monjes. El prior, finalmente, cedió... pero se tomó su particular 'venganza', pues el responso se hizo en la explanada, y se prolongó durante mucho más tiempo del minuto que estaba pactado.
Los monjes, que pregonan en su entorno mediático que la Guardia Civil ha destrozado la basílica, aguardan su destino tras la polémica exhumación. La actitud de Cantera, que los ultras consideran defensor del honor y de la Iglesia, no ha hecho ningún favor a su comunidad, ni al conjunto de la Iglesia. El futuro de la Abadía pende de un hilo, y la culpa será, única y exclusivamente, de la actitud de su todavía prior.
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