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El Sínodo sobre la sinodalidad, a debate en el Seminario Conciliar de Barcelona
Observar una aula magna como la del Seminario Conciliar de Barcelona llena a rebosar para escuchar un cardenal y una enfermera —y presidenta de Acción Católica General— es síntoma que “algo se mueve dentro de la Iglesia”, como reflexionaba este lunes por la tarde un asistente al acabarse el coloquio “El Sínodo, hoy y aquí”, con el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, y la gallega Eva Fernández.
Esta, de hecho, era la percepción generalizada de un público —mayoritariamente femenino— que asistía “convencido de las posibilidades de la última [la decimosexta] Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos“, como decía Omella, que participó con Fernández tanto en la primera como en la segunda sesión. “Ahora, por lo tanto, falta que mucha más gente se sume a este convencimiento”, remachó el purpurado, que participó en los debates sinodales como miembro del Consejo Ordinario.
El expresidente de la Conferencia Episcopal Española y miembro del consejo de cardenales del Papa Francisco subrayó también que “el Sínodo ha recordado, después de que el Concilio Vaticano II se fuera desdibujando en los corazones de mucha gente, que el sujeto de todo continúa siendo el pueblo de Dios“.
“Al ver el gran trabajo hecho por sus predecesores desde aquel concilio ecuménico convocado por Juan XXIII, el papa Francisco decidió ir a por todas“, observaba a continuación Fernández, y así fue cómo se tejió un acontecimiento que, todavía apreciado con poca distancia, “quedará marcado en la historia de la Iglesia católica“, continuaba Omella, “y no precisamente como una cosa de un Papa revolucionario y de izquierdas”.
Tanto Omella como Fernández, que compartieron mesa de debate durante unos días en el marco de estas reuniones sinodales que atrajeron la atención de millones de personas en el mundo, coincidían a destacar aspectos como por ejemplo la conversión personal y estructural; la escucha de todos los puntos de vista existentes en cada comunidad parroquial; las nuevas responsabilidades de un laicado formado, y la idea de tener presente la intuición de las mujeres, “con percepciones que en muchas ocasiones son más relevantes que las de los hombres”, como decía Omella. “Al principio se podía cuestionar que una mujer escogiera un obispo, pero, ciertamente, también lo puede hacer muy bien“, remarcaba en un diálogo cargado de anécdotas y referencias al documento final del Sínodo.
Puestos los preceptos encima de la mesa (actualmente, en manos de diez comisiones de expertos, que están estudiando “los temas más calientes”, para Omella), y con los comentarios que hacía, como moderador del acto, Enric Termes, vicario episcopal y coordinador del trabajo sinodal en Barcelona, una música de fondo basada en “una nueva luz en que el método de ensayo y error tiene que ser constante”, según Fernández, predominó entre los asistentes, que también tomaron la palabra: “Todo esto lo tendremos que ir aplicando en nuestras iglesias, si bien en cada una haya ritmos diferentes“, agregaba un seglar entre el público.
“El documento final no salvará el mundo —concluía el cardenal—, pero ya es una respuesta importante”
“Los ritmos —razonaba Omella— son importantes en este proceso posterior al Sínodo”, y, aunque haya sectores de la población que “esperen ver morir el Papa para ver morir, también, la implantación del Sínodo”, continuaba, “hay aspectos que necesitan tiempo para acabar brotando, puesto que la Iglesia no es solo Cataluña ni España, sino que también se encuentra en otros lugares donde los ritmos son otros“. “El documento final no salvará el mundo —concluía el cardenal—, pero ya es una respuesta importante”.
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