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El presidente de la CEE llama a los catalanes a la unida en la misa de la patrona de Barcelona
Fiesta de la Mercè, patrona de Barcelona. Misa mayor en la basílica, presidida por el cardenal Omella, y con la presencia de 18 concejales del Ayuntamiento (faltó Ada Colau, pero no Jaume Collboni), la delegada del Gobierno, la consellera de Justicia de la Generalitat o la directora general de Asuntos Religiosos, entre otras autoridades. Ante ellas, el presidente de la Conferencia Episcopal lanzó un mensaje de unidad frente a las discrepancias que, cinco años después del referéndum del 1-O y la fallida declaración de independencia, se hace más necesaria que nunca.
"Santa María nos llama a los fieles, pero también a todos los ciudadanos, a todas las instituciones civiles, públicas y políticas para que superemos las discrepancias ideológicas y podamos dar el paso de trabajar todos juntos y unidos", glosó Omella, quien recordó cómo la Mercè "nos ayuda a superar la división, la diferencia y la indiferencia".
"Como madre de todos los barceloneses y barcelonesas, nos quiere a todos en una misma mesa, trabajando juntos por el bien de todos y todo ello a pesar de nuestras diferencias, porque siempre es mucho más lo que nos une que lo que nos separa", subrayó Omella en su homilía, leída en catalán y castellano.
En la misma, el purpurado llamó a todos los fieles, pero también a la clase política y a los poderes públicos "que hagamos algo para ayudar a los que sufren las cautividades de hoy en día", con un recuerdo especial a los presos en el día de la patrona de las cárceles.
Entre otras "cautividades", Omella destacó "el rostro del anciano que vive en la soledad y sin las ayudas a la
dependencia que necesitaría", pero también el del adulto "que ha perdido el trabajo y que difícilmente
encontrará otra dada su edad", los "explotados por las organizaciones de tráfico de personas", víctimas de las drogas, "el inmigrante perdido por las calles y que no encuentra ningún techo ni trabajo", o el rostro de "tantas personas tristes que viven sin esperanza dentro de una sociedad acelerada y a menudo indiferente".
"Nuestra ciudad tiene muchos retos", admitió el purpurado, quien invitó a todos a "acompañar a los jóvenes que no encuentran el sentido a su vida"; hacer una "clara apuesta política por la estabilidad familiar"; reducir "las colas del hambre y hacer todo lo posible para dar una salida a las personas que viven en la calle, muchos de ellos afectados por enfermedades mentales y adicciones".
¿Cómo hacerlo? "Solamente con generosidad y si unimos fuerzas, si vamos todos en la misma dirección", subrayó Omella, quien insistió en que "la unión hace la fuerza. Trabajando todos por el bien común y no por el bien partidista o egoísta".
"María nos ayuda a superar la división, la diferencia y la indiferencia", recalcó el presidente de la CEE, recordando que, "como madre de todos los barceloneses y barcelonesas, nos quiere a todos en una misma mesa, trabajando juntos por el bien de todos y todo ello a pesar de nuestras diferencias, porque siempre es mucho más lo que nos une que lo que nos separa".
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