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Agradezco al señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española su invitación a participar en esta sesión inaugural de la ciento veintitrés Asamblea Plenaria del episcopado español. Aprovecho la especial circunstancia, tan representativa de la comunión eclesial, para enviar a todos ustedes, a las Iglesias que presiden en la caridad y a todos los presentes, el saludo y la bendición del Santo Padre, a quien tengo el honor de representar en España. Con mis palabras deseo alentarles en los trabajos que ahora empiezan, para abordar los puntos propuestos en el programa.
Identificado el núcleo de la dignidad de la persona creada a imagen y semejanza de Dios, es tarea permanente poner atención a los variables aspectos de la vida de las personas, por lo que debe concienciarse a la sociedad a fin de implicar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la identificación de cuanto perjudica y no ayuda a su desarrollo, a la vez que adoptar opciones que de modo positivo contribuyan verdaderamente a avanzar.
Es cierto que acoger, proteger, promover e integrar a los hermanos y hermanas necesitados se podría considerar puramente un acto humanitario, pero para los que creen, actúan y viven en el amor de Dios, es un acto a la vez humanitario y divino, humano y espiritual, así como un acto de amor hacia el próximo y hacia Dios, porque, el Señor dice solemnemente: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis, y “cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo" (Mat. 25: 40, 45).
Confío pues en que esta, y las otras propuestas que terminamos de oír en el discurso inaugural del Sr. Cardenal Presidente, puedan ser acogidas por las Autoridades pertinentes y surjan de aquí unas orientaciones que respondan a la protección de la dignidad de la persona humana en este y en todos los contextos.
La profundidad de la figura de Santa Teresa Benedicta de la Cruz tiene raíces también españolas. Para su conversión fue providencial su lectura del libro de La Vida de Santa Teresa de Jesús. Afirmaba Edith Stein después de la lectura: “Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad”. En las huellas y en la tradición de los grandes teólogos y maestros espirituales, Santa Teresa Benedicta nos enseña el diálogo constructivo entre la fe y las aportaciones de la filosofía y de las ciencias, así como el desarrollo de una auténtica experiencia mística. San Juan Pablo II la cita en este sentido en su encíclica Fides et Ratio (nº 74) y la da especial valor ante el significado del sufrimiento y de la Cruz (cf. Homilía del 11 de octubre de 1998).
Siendo todavía cardenal, el Papa Benedicto XVI destacó de que manera Newman explica “la existencia del hombre a partir de la conciencia, es decir, en la relación entre Dios y el alma… este personalismo no representa ninguna concesión al individualismo… la libertad de conciencia… no se identifica, de hecho, con el derecho de “dispensarse de la conciencia, de ignorar al Legislador y Juez, y de ser independientes de los deberes invisibles.”[3]
En la Encíclica Veritatis Splendor, el Papa San Juan Pablo II, “recordando aquellos elementos de la enseñanza moral de la Iglesia que hoy parecen particularmente expuestos al error, a la ambigüedad o al olvido”, entre las cuestiones fundamentales que plantea a los obispos, está esta: ¿cuál es el papel de la conciencia en la formación de la concepción moral del hombre? (cfr. Veritatis splendor, in particular nn. 28-34).
No se pone en duda la libertad de conciencia, pero hay que estar también atento al peligro de atribuir a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que conduce a la crisis en torno a la verdad, porque no queda lejos del presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia el peligro de conceder a la conciencia del individuo el poder de fijar, de modo autónomo y sin relación a la verdad, los criterios del bien y del mal. Y de este modo afirmamos que no existe moral sin libertad: «El hombre puede convertirse al bien sólo en la libertad» (Gaudium et spes, n. 17).
Es en este preciso contexto, quiero citar las palabras de John Henry Newman, que el Papa San Juan Pablo II cita en la Encíclica Veritatis splendor, en donde afirma que “el cardenal J. H. Newman, gran defensor de los derechos de la conciencia, afirmaba con decisión: «La conciencia tiene unos derechos porque tiene unos deberes» (A Letter Addressed to His Grace the Duke of Norfolk: Certain Dificulties Felt by Anglicans in Catholic Teaching (Uniform Edition: Longman, Grenn and Company, London, 1868-1881), vol. 2, p. 250). Existe la dependencia de la libertad y de conciencia con respecto a la verdad, por eso junto con el derecho de libertad de conciencia, existe la correspondiente obligación de “conocer la verdad”, la verdad que nos “hará libres” (Jn 8, 32).
Noto también que el tema de la educación va a ser tratado en esta Asamblea, en la perspectiva del desarrollo del Congreso “La Iglesia en la Educación” que tendrá lugar el próximo mes de febrero de 2024. Expreso mis mejores votos por el fin propuesto de renovar la presencia y el compromiso de la Iglesia en la educación de niños y jóvenes, ya que es una de sus prioridades. La Iglesia ofrece este servicio a través de los colegios de los que son titulares las diócesis, institutos de vida consagrada y, en número menor pero creciente, colegios de fundaciones y asociaciones de seglares católicos. Estas escuelas están a disposición de los padres católicos y de todos aquellos que lo deseen, para que puedan educar a sus hijos conforme a sus convicciones. La escuela católica, por tanto, sigue hoy prestando un servicio inestimable, no sólo a la Iglesia, sino también a la sociedad. Quiero expresar mi agradecimiento a los profesionales que desarrollan su tarea en estos colegios, ya que ellos merecen el reconocimiento de la Iglesia y de sus pastores.
Esta Conferencia Episcopal y la Conferencia Española de Religiosos han valorado el Informe del Defensor del Pueblo, de manera especial su acertada decisión de situar a las víctimas en el centro del Informe y en el corazón de sus recomendaciones. Los Obispos y los Religiosos han considerado “valiosas” las recomendaciones propuestas en el Informe, constatando también que, en buena medida, son convergentes con otras propuestas trabajadas en el seno a la Iglesia ya desde hace tiempo y en el presente. Agradecemos al Defensor del Pueblo y a su equipo de expertos por su trabajo, y expresamos nuestro compromiso de que las recomendaciones serán examinadas con más profundidad, en colaboración con todas las instituciones y todas las personas de buena voluntad.
Que la Santísima Virgen María, Madre Inmaculada, les bendiga. A Ella encomiendo los trabajos y el fruto de esta Asamblea.
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[1] https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/sanidad14/Paginas/2023/280923-interrupcion-voluntaria-embarazo.aspx
[2] https://www.caritas.es/noticias/dia-de-caridad-2023-tienes-mucho-que-ver-caritas-invita-a-tomar-conciencia-de-la-realidad-de-pobreza-y-a-actuar/
[3] “Tuttavia proprio perché Newman spiegava l'esistenza dell'uomo a partire dalla coscienza, ossia nella relazione tra Dio e l'anima, era anche chiaro che questo personalismo non rappresentava nessun cedimento all'individualismo, e che il legame alla coscienza non significava nessuna concessione all'arbitrarietà - anzi che si trattava proprio del contrario. Da Newman abbiamo imparato a comprendere il primato del Papa: la libertà di coscienza - così ci insegnava Newman con la Lettera al Duca di Norfolk - non si identifica affatto col diritto di "dispensarsi dalla coscienza, di ignorare il Legislatore e il Giudice, e di essere indipendenti da doveri invisibili". In tal modo la coscienza, nel suo significato autentico, è il vero fondamento dell'autorità del Papa. Infatti la sua forza viene dalla Rivelazione, che completa la coscienza naturale illuminata in modo solo incompleto, e "la sua raison d'être è quella di essere il campione della legge morale e della coscienza". Questa dottrina sulla coscienza è diventata per me sempre più importante nello sviluppo successivo della Chiesa e del mondo” (Discurso del cardenal Joseph Ratzinger con ocasión del centenario de la muerte de Newman, 28/04/1990). https://www.vatican.va/roman_curia/ congregations/cfaith/documents/ rc_con_cfaith_doc_19900428_ratzinger-newman_it.html
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