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Doce prelados con derecho a voto no lo ejercieron en una elección telemática y secreta
"Había más miedo fuera que dentro. Con todo, algunas decisiones que se tomaron el martes habrán de explicarse". Así define uno de los obispos presentes en la Asamblea Plenaria el resultado de las elecciones que acabaron, como se preveía, con César García Magán como nuevo secretario general (y seguramente portavoz, aunque no lo ha explciitado en su primera comparecencia) de la Conferencia Episcopal.
El resultado, según ha podido saber RD, no dejó margen a la duda: en primera votación -no hubo sondeo, ni se presentó candidatura alternativa a la llevada a cabo por la Comisión Permanente-, el obispo auxiliar de Toledo obtuvo la mayoría absoluta de los presentes. De 78 obispos con derecho a voto, 40 lo hicieron por Magán, mientras que Fernando Giménez Barriocanal obtuvo 14 apoyos, y Arturo Ros, apenas 12. 5 obispos votaron en blanco y otros 7, entre ellos algún ausente, no votaron.
La elección de Magán, que venía fraguándose, como adelantó en exclusiva RD, desde antes incluso que Argüello anunciara su intención de renunciar al puesto, no fue una sorpresa, ni mucho menos. Aunque el resultado de las consultas y la elección final sí que deja varias teorías e interrogantes que convendría aclarar en aras a la tan cacareada transparencia.
En primer lugar, el papel del presidente. A nadie se le escapa que, en principio, Magán no sería un 'hombre' del presidente de la CEE, con quien tiene que coordinarse a la perfección. No obstante, fuentes cercanas a ambos han confirmado que hay muy buen 'feeling' entre Omella y Magán, favorecido por el carácter afable de ambos. Aunque algunos han querido subrayar su elección como una derrota del purpurado, lo cierto es que Omella no llegó a esta Plenaria "con ganas de batalla", según relata un miembro de la Comisión Ejecutiva.
Es más: el nombre de Magán fue consensuado, al menos desde septiembre, por la cúpula episcopal, después de que los candidatos más válidos fueran borrándose paulatinamente. José Cobo, sin el permiso de Osoro; Francisco Prieto, el candidato de Argüello, sin el plácet de Barrio; y José Antonio Satué, el hombre preferido por Omella, quien después de ser elegido por el Papa para dirigir el 'caso Gaztelueta' no podía ponerse al frente de la Casa de la Iglesia.
Y es que Omella no quiso 'mancharse' en una batalla que, pese a su relevancia, podría inmiscuirse en otros planes de medio y largo plazo (en dos años se ha de cambiar la cara de buena parte de las diócesis, incluyendo las sedes cardenalicias más relevantes). De ahí que Magán estuviera preparado desde hace meses para acceder al puesto.
Más incredulidad ha generado la presencia de Fernando Giménez Barriocanal en la terna, sobre todo después de conocer el resultado final. El actual vicesecretario de Asuntos Económicos de la CEE, que tanto en público como en privado aseguraba no tener ninguna intención de liderar la casa de Añastro, fue una de las sorpresas de la terna, y causa de muchos desvelos por parte de obispos y profesionales de la comunicación a lo largo de toda la noche.
Y es que, igual que muchos daban por hecho la presencia de Satué en la terna (era impensable), tras conocerse la inclusión de Barriocanal -el primer laico en llegar tan lejos- muchos aseguraban que el ex presidente de COPE (de la que, según algunos, salió para 'prepararse' para este momento, algo que él niega con rotundidad) no aceptaría estar en la lista si no pensara que iba a ganar. Otros, en cambio, sostienen que aceptó su inserción como "un servicio a la Iglesia", aun sabiendo que no iba a obtener "ni una decena de votos". Al final fueron 14. Con todo, Barriocanal seguirá trabajando junto a Magán, como lo hizo junto a Argüello. Al menos, hasta nueva orden.
Si hay dudas sobre si Barriocanal era un 'convidado de piedra' o no, no hay ninguna de que el obispo auxiliar de Valencia, Arturo Ros, no tenía posibilidad alguna de ser elegido. Como señalan fuentes episcopales, "no podíamos presentar un solo nombre, ni una elección a la búlgara". Ros no se negó a ser presentado, pero no hizo campaña, y el mismo lunes se presentaba absolutamente relajado ante la posibilidad de estar en las quinielas. Pese a todo, cosechó 12 apoyos, y a buen seguro una futura designación episcopal, una vez Benavent entre, y conozca, la diócesis de Valencia.
Con todo, las dudas tardarán en disiparse, pues como bien ha señalado Magán en su primera intervención, ahora toca "escuchar mucho y aprender", antes de tomar decisiones. Unas decisiones que, a buen seguro, afectarán al funcionamiento de la Oficina de Prensa y Comunicación de la CEE, y a la libertad de trabajo de los responsables de los distintos secretariados. Comienza una nueva época en la Casa de la Iglesia. Veremos si es para mejor. No debería ser muy complicado.
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