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El momento (Plenaria de abril o noviembre) dependerá de la fecha del nombramiento del nuevo arzobispo de Valladolid
Luis Argüello se marcha de Añastro. Lo deja. Durante la próxima Plenaria o, a lo sumo, en la de noviembre, el todavía obispo auxiliar de Valladolid presentará su renuncia al cargo de secretario general y portavoz de la CEE, y los obispos habrán de elegir a su sucesor. Salvo sorpresa, quien más papeletas tiene para ocupar su puesto es el actual obispo auxiliar de Toledo, César García Magán.
La salida de Argüello causará un enorme impacto en la Casa de la Iglesia aunque, oficialmente, la razón que aportará el eclesiástico será su nombramiento como nuevo arzobispo de Valladolid, sustituyendo al incombustible Ricardo Blázquez, que cumple 80 años el próximo día 13.
En la práctica, se trata de la clásica 'patada hacia arriba' de Roma, que premia con un ascenso el trabajo de Argüello en una dificilísima etapa en el Episcopado, pero a la vez frena las ansias de muchos de colocarle en la quiniela de nombres para suceder a Osoro o Cañizares en Madrid y Valencia.
Fuentes cercanas a Argüello confirman a RD que, si el obispo es nombrado diocesano "de Valladolid, o de cualquier diócesis", pensaría "muy seriamente" abandonar sus cargos de responsabilidad en Añastro. En todo caso, dichas fuentes ponen en duda que el citado nombramiento se oficialice "antes de Pascua" lo que, en la práctica, haría que Argüello no tomara posesión hasta bien entrada la primavera y se hiciera imposible presentar la renuncia en la Plenaria del próximo 25 de abril.
"Es la Plenaria quien lo eligió, y es la Plenaria quien tiene que aceptar su posible renuncia", confirman, apuntando al único precedente conocido hasta la fecha, que fue la renuncia de Fernando Sebastián, en 1988, al ser nombrado arzobispo coadjutor de Granada.
En el 'debe' de Luis Argüello, un prelado muy respetado, sumamente inteligente y con evidentes dotes de mando, está la pésima gestión de los casos de pederastia en España, con sucesivos cambios de rumbo y sonoros patinazos en varias ruedas de prensa. El tema será abordado, como anunció en exclusiva RD, en el encuentro con el Papa del próximo 6 de abril, al que acudirán Omella y Osoro, y también Argüello. ¿En visita de despedida? Algunas fuentes apuntan a RD que sí, mientras que otras insisten en que el nombramiento para Valladolid "todavía no está listo", y el Nuncio está culminando sus ternas.
Sea como (y cuando) fuere, Argüello dejará a su sucesor varios frentes abiertos, tanto hacia afuera (el trato a las víctimas, la participación de la Iglesia en la 'comisión Gabilondo', el papel de Cremades o, en otro ámbito, la difícil relación con el Gobierno de Pedro Sánchez) como hacia dentro, como continuas luchas de poder entre dos y hasta tres sectores que pugnan por el control de la Casa de la Iglesia. Argüello, hombre de escucha y reflexión, ha tratado hasta la extenuación, sin mucho éxito, de conciliar a los extremos enfrentados.
Se espera que, con su marcha, su sucesor pueda tener las manos libres para cambiar de equipo. Algunos nombres, conocidos por todos, deberían seguir inmediatamente los pasos del todavía portavoz, pero si algo demuestra la experiencia es que en la sede de la CEE todo puede pasar. Hasta lo más inverosímil.
¿Y quién puede suceder a Argüello? Pues, como decíamos, salvo sorpresa, el mejor colocado es el auxiliar de Toledo, César García Magán. Especialista en Derecho Canónico y con experiencia diplomática en varios países, podría ser el indicado para 'poner orden' en la Casa de la Iglesia y, paralelamente, abrir nuevos cauces de diálogo con la clase política española, en un momento especialmente convulso en la sociedad mundial. Magán de 60 años, es miembro de la Asociación Española de Canonistas y ha sido vocal de la Comisión Asesora para la Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, por designación de la CEE. También es Prelado de Honor de Su Santidad. Quienes le conocen dicen que es un hombre amable, suave en las formas pero rígido a la hora de cumplir su cometido. ¿Mano dura para Añastro? Veremos.
Otras derivadas de la marcha de Argüello están en la constatación, para disgusto de los profetas de desventuras, de que no habrá 'pack' en la salida de las sedes cardenalicias. Tras la marcha de Blázquez, muchos daban por hecho que se daría a la par, al menos, las de Osoro y Cañizares. Algo que los hechos desmentirán, por lo menos en los casos de los cardenales de Madrid y Barcelona que, salvo catástrofe o escándalo mayúsculo, permanecerán en sus puestos, al menos, hasta que finalicen su mandato al frente de la Conferencia Episcopal, en la primavera de 2024.
Y es que la segunda parte del cuatrienio de la cúpula episcopal habrá de afrontar decididamente los cambios en la Iglesia española. Algo de lo que, seguramente, también hablarán en su encuentro con el Papa. De cara al futuro, y por el bien de todos, convendría que ambos purpurados, los dos hombres de Francisco en España, trabajaran codo con codo, sin fisuras, en dirección común. El futuro de la Iglesia española, como muchas otras cosas, también se juega en estos meses.
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