"Se está abriendo en algunas iglesias locales un intenso e interesante debate teológico-pastoral"
Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos: cinco decisiones posibles
Testimonio de fe del medallista en vísperas de los Juegos Paralímpicos París 2024
(OMP).- Enhamed nació en Canarias. A los 8 años se quedó ciego. A los 9 años comenzó a nadar. Durante su exitosa carrera deportiva ha logrado cientos de premios, entre ellos 9 medallas en los Juegos Paralímpicos de Atenas, Pekín y Londres. En 2019 ganó su medalla más importante: ¿te imaginas cuál puede ser? Nos lo contó en la última edición del Congreso “Deporte y fe”, celebrado este año en Sevilla:
“Cuando tenía 17 años, decidí que era ateo. Mi razonamiento fue: si todo lo puede y todo lo sabe, ¿por qué yo soy ciego y los demás no? Es injusto, ¿no? ¿Por qué vosotros no sois ciegos? Y esa era mi pregunta. En ese momento en el que toqué fondo, empecé a sentir que vivía sin un propósito claro. Entonces, un día coincidí con un pobre sacerdote durante el vuelo de Canarias a Madrid. Yo estaba sentado en el pasillo, así que no se podía levantar y me pasé dos horas y media bombardeándole a preguntas. Entonces le planteé la pregunta clave: – Si tú tienes tan claro que todo es una cuestión de fe y que los caminos del Señor son inescrutables, ¿por qué yo soy ciego? Y me dijo: – Pues no lo sé, pero eso es algo que tendrás que averiguar".
"Después de leer mucho y pensar más, descubrí que estaba haciendo mal la pregunta. ¿Y si la pregunto no es por qué soy ciego? ¿Y si la pregunta es para qué soy ciego? Ese fue el punto de inflexión. Comencé a vivir agradeciendo y valorando las cosas. Agradeces el desayuno, agradeces al entrenador… y, poco a poco, fui cambiando. Posteriormente, hice varios retos deportivos, entre ellos el Iron Man, alguna maratón o subir al Kilimanjaro. Uno de los que para mí fue más especial fue cruzar el estrecho de Gibraltar, porque las condiciones se pusieron muy complicadas. A mitad del Canal tuvimos olas de más de 3 metros. Durante toda esa travesía, yo solo me repetía una frase entre brazada y brazada: el Señor es mi pastor".
"Después de todo esto, yo os diría que la medalla más importante que me he llevado en mi vida fue que, en la Vigilia de Pascua de 2019, después de un largo peregrinaje espiritual, recibí el Bautismo. Para mí, ha sido la confirmación tangible de que todo lo que he logrado ha sido porque he ido realmente mano a mano y acompañado”.
También te puede interesar
"Se está abriendo en algunas iglesias locales un intenso e interesante debate teológico-pastoral"
Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos: cinco decisiones posibles
La Plenaria de noviembre vendrá marcada por la elección del vicesecretario general de Asuntos Económicos
¿Es Alfredo Dagnino el 'tapado' para sustituir a Barriocanal?
El Grupo Godó galardona la Sagrada Familia por la coronación de la basílica
Omella, premio Vanguardia ‘Impulso Ciudades’ 2025
Después de un año paralizada en la Mesa de la Cámara Baja
La presión de las víctimas logra que el Congreso desbloquee la ley para que no prescriban los delitos de pederastia
Lo último
La sabiduría del corazón
Corazón pensante para humanizar
Cuidar cuando no se puede curar
Nunca incuidables
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado