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¡Que viene el nuncio!
Más que en literalidad de la frase “¡que viene el Nuncio!”, la noticia-noticia está en las interjecciones (¡¡) que la cortejan o “acolitean”, es decir, “que van por el mismo camino”. A su tiempo se informó sobre la substitución del extinto y cesado Nuncio Renzo Fratini, italiano, por el nuevo Bernardito C. Auza, de nacionalidad filipina. Y ya en vísperas de su “toma de posesión”, las susodichas interjecciones les confieren renovado y renovador interés, valor e importancia, no solo para los obispos que lo sean ya o puedan serlo, gracias a sus “diplomáticas” gestiones. El interés por el tema se lo reparten equitativamente el pueblo de Dios y las autoridades civiles y políticas, por aquello del Estado Vaticano independiente, a la vez –antes o después- que por la indecisa confusión de la verdadera Iglesia de Jesús.
Al tan esperado nuevo Nuncio en España, su pueblo, aquí y ahora, le reza una y otra vez, la densa y piadosa letanía de peticiones de las necesidades que ha de afrontar, para que su misión resulte ser al menos ciertamente cristiana. El propio concepto de “nuevo” –“reformador y renovador”, las entraña y define.
En el listado de las imprescindibles, más urgentes, está, por supuesto, la de que siempre y en todo, sea y se comporte como Nuncio, es decir, como “emisario y anunciador” del papa que es, actúa y se llama Francisco. En el mismo plano de urgencias se sitúa la petición de que cuanto antes ponga en su sitio “franciscano” a los obispos nombrados en conformidad con otras pautas, entre ellas, aquellas no coincidentes con las determinadas o sugeridas por el Concilio Vaticano II.
Visto lo visto, a nadie le podrá parecer sorprendente, extraño, rechazable e inadmisible que los obispos, por obispos, fueron y son todos, devotos y fieles seguidores del Vaticano II, y no del Vaticano I y hasta del celebrado en la ciudad de Trento hace una brazada de años. Hay todavía obispos en España que “pasaron, pasan y pasarán” del Vaticano II y del papa Francisco, pensando que la Iglesia son ellos y sus adláteres y que los demás, y por definición, son herejes, sin necesidad de haber sido así declarados con los requisitos canónicos.
"Es deber de conciencia que el Nuncio no viva –resida habitualmente- enclaustrado en el palacio-embajada de la nunciatura"
La novedad que encarne el nuevo Nuncio incluirá la mejor y más ordenada información acerca de los episcopables, lo que le exigirá automáticamente prescindir de los asesores a las órdenes del Nuncio Fratini, quien en sus diez años en España hizo posible y “ejemplar” un episcopologio cuyos frutos “pastorales” son desdichadamente constatables en noticias frecuentes en áreas católicas, agnósticas y ateas. Culpar de ello al anticlericalismo y a la “prensa impía y blasfema” constituye un acto y una actitud de irreligiosidad y de falta de sensatez y civismo.
El nuevo Nuncio tendrá claro, al menos en su intención, que el vigente método de nombramientos en virtud de la “dedocracia”, y no de la democracia, carece de consistencia y es de por sí nefasta e irreligiosa. La condición de servidores, y más de los pobres, y no la del premio, simpatías, antipatías o incoincidencias pastorales, jamás deberán justificar decisiones episcopales y menos en la selección de candidatos.
Para eso, y para tantas otras decisiones- ministerios, es deber de conciencia que el Nuncio no viva –resida habitualmente- enclaustrado en el palacio-embajada de la nunciatura, no salga de la misma y apenas si se trate con los componentes que no sean de su camarilla, o se limite a hacer visitas “oficiales” con motivos más o menos ficticiamente religiosos y como sujetos-objetos de lujo. La imagen del Nuncio, “amigo de sus amigos” y en disponibilidad permanente de impartir y recomendar ternas curiales para prebendas y ascensos, es tarea pasada y de siglos pretéritos, aunque próximos y vigentes.
Nítida será su misión en orden al esclarecimiento difícil de si su oficio es fundamentalmente el de embajador de un tan mínimo estado independiente como es el Vaticano, o el representante de la Iglesia, cuyo interlocutor parece que debiera ser el Presidente de la Conferencia Episcopal.
El Nuncio y la nunciatura precisan de mayor transparencia y claridad. En la del Reino de España sobran cerrojos, misterios y archivos en palacios-embajadas- nunciaturas de tanto clamor y “representación”, aún superiores a las de los estados libres e independientes, como en los casos de Estados Unidos, Rusia, Francia, Italia, Inglaterra…, con sus respectivos intercambios comerciales, culturales, de información o de cualquier otro signo y condición.
Al nuevo Nuncio debe ya constarle que, para bien o para mal, España ya no es la España católica, apostólica y romana de tiempos recientes, al igual que la Iglesia del papa Francisco tampoco es, en ella, para muchos, y por la gracia de Dios, la Iglesia del nacional-catolicismo de antes y parte de ahora…
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