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Antonio Aradillas: "A la Semana Santa le sobran capirotes y mitras"

"El folclore semanasantero, si lo es de verdad, es palabra de Dios"

"El solo hecho ascético de leer y releer las advocaciones que distinguen a unas Cofradías de otras, aporta elementos relevantes de verdadera religiosidad y teología"

1968.Viernes Santo. Autor Narcís Sans. CRDI.

En los días semanasanteros en los que nos encontramos, con espíritu piadosamente litúrgico y legalidades cívico-sociales por imposiciones sanitarias ineludibles, resulta como más obligado aprovechar ocasiones tan propicias para el estudio y la reflexión, entre otras, de estas sugerencias:

A los expertos en etimología les resulta curioso y chocante que los términos empleados, y al uso, por cofrades y “hermanos”, como “capirotes”, ”capiruchos” y “capuchas”, beban su razón de ser en los manaderos latinos del “caput-cabeza”, esto no obstante, los de “mitras” y “solideos” jerárquicos lo hagan nada menos que en “Mitreo” —dios de los persas—, o en el ”solo Dios” de los cristianos.

Peregrinar por la historia de las Cofradías y Hermandades que, con los debidos recortes y precauciones, procesionan por calles y plazas y se hacen presentes en los actos de religión y de culto, es hacerlo a lo más sagrado que tiene, ofrece y define a la Iglesia; a través de estas organizaciones de seglares, en las que ellos, y ellas, reciben a lo largo del año lecciones de teología-catecismo, se unen y tratan fraternalmente, se ayudan entre sí y se ejercitan en obras de caridad estables u ocasionalmente, al servicio del prójimo.

Hermandades y cofradías se reinventan para su semana grande sin perder de vista lo esencial

La historia de la Iglesia, vivida y transferida “con” y “por” el amor, aparece nítidamente escrita y descrita en la propia denominación de las Cofradías y Hermandades . De modo determinante y notable, tal realidad se percibe en los tiempos actuales en los que la pandemia ha empobrecido a tantos, y hasta límites que se daban ya por superados por el desarrollo o progreso. En la historia de estas Cofradías y en sus alrededores, siempre aparecen instituciones y edificios dedicados a hospederías, hospicios, hospitales, cementerios, con datos y señales, ciertamente ejemplares, que todavía perduran, aun cuando el Estado y sus organismos los hayan suplido en gran parte.

El solo hecho ascético de leer y releer las advocaciones que distinguen a unas Cofradías de otras, aporta elementos relevantes de verdadera religiosidad y teología. Los sacrosantos nombres de Jesús y de la Virgen destacan en la letanía de estas advocaciones y “pasos”, como los que se corresponden con los de La Piedad, el Divino Cautivo, La Dolorosa, El Encuentro, El Santo Entierro, La Paz, El Abrazo, Las Tres Caídas, El Prendimiento, La Humildad, La Flagelación, El Descendimiento, “La Borriquita”, La Oración del Huerto, La Agonía, El Beso de Judas, Las Tres Negaciones de Pedro, El Despojo de las Vestiduras, El Juicio ante Pilatos, El Cireneo, La Verónica, Las Santas Mujeres, La Santa Cena, El Sepulcro Vacío, La Resurrección, Las Apariciones.

Viernes Santo

La Semana Santa —Semana Grande o Mayor—, síntesis y expresión tangible de Iglesia docente y discente —una sola Iglesia—, precisa de renovación conciliar y más aún, “franciscana”. Le sobran capirotes y mitras. Tal y como algunos lamentan con indocta frecuencia, no le sobran folclore. El folclore semanasantero, si lo es de verdad, es palabra de Dios. En circunstancias normales, y siempre dentro de un orden, es la voz de los pueblos, que cada uno la expresa y se expresa tal y como es, en sus gestos, saetas, piropos, tañidos de tambor y hasta en su dulcería doméstica. Es posible que a las procesiones y solemnidades cultuales, les sobren autoridades “militares, civiles y aún eclesiásticas”, o que a todas ellas les falten capirotes con los que humildemente oculten su “autoridad” en tiempos y lugares tan representativamente cristianos y humanos.

A la Semana Santa no le sobra el turismo que lleva consigo. De por sí, y también en Semana Santa, el turismo es bueno, aún sin misas y sin procesiones. El turismo es ocio, descanso, contemplación, naturaleza, reunión entre familiares y amigos. El turismo es culto y cultura. Es obra de Dios Creador que, en Jesús, Redentor del mundo, lo crea, re-crea y redime, gracias sobre todo a la colaboración de sus moradores.

Para tan noble tarea, más que de los capirotes, hábitos, insignias, mitras, distinciones y nubes de incienso, las vestiduras-ornamentos sagrados que precisan el clero, los cofrades y hermanoss, lo que se precisan es la humildad, la comensalía, la humanidad, la capacidad de servicio, la disponibilidad, la proyección de futuro y el discernimiento.

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