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El sacerdote es miembro del Grupo de Trabajo Estable de las Religiones, creado hace veinte años
El Grupo de Trabajo Estable de las Religiones (GTER) celebra su vigésimo cumpleaños este martes, en el Palau de la Generalitat, “habiendo hecho un buen trabajo durante todos estos años, pero con mucho para continuar haciendo“, como argumenta el sacerdote barcelonés Antoni Matabosch. El teólogo, que cumplirá noventa años en mayo, ha sido uno de los presidentes de esta entidad interconfesional, galardonada el 2015 con la Cruz de Sant Jordi, y, desde sus inicios, ha sido el representante de la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET).
Rodeado de libros y sentado en el sofá de la casa donde ha vivido toda su vida —y donde espera estar “unos años más, siempre que no haya que ir a la residencia sacerdotal”, añade—, Matabosch señala que “es positivo” que, en actos como este, organizado conjuntamente con la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona, “se pueda pensar en lo que nos ha preocupado”. Y más todavía, admite, “después de las grandes transformaciones religiosas que hemos vivido durante todo este tiempo”, mantiene, en referencia, por ejemplo, al crecimiento de fieles en otras confesiones como la protestante, la ortodoxa y la musulmana.
Quien ha escrito varios libros y ha reflexionado sobre el diálogo ecuménico desde la década de 1960 —”y sobre relaciones entre confesiones más tarde”, precisa— observa que “estar abiertos a lo que piensan los otros es básico para aprender“, mientras asegura que “en lo que no se tiene que caer es en hablar, en Cataluña, de un enfrentamiento entre religiones”. “Lo que existe realmente —subraya Matabosch— son problemas que surgen cuando, en Ripoll, en Badalona o allá donde pueda pasar, un grupo social hace tambalear elementos como la integración y el diálogo, el cual es uno de los principios más destacados de las confesiones que nos acompañan”.
“Cómo decía el filósofo y teólogo Raimon Panikkar, las diferentes confesiones pueden corregirse mutuamente“, continúa Antoni Matabosch, miembro de la comisión organizadora del IV Parlamento de las Religiones de Mundo, celebrado en el verano del 2004. Por eso, el presbítero agrega que “tener en cuenta a la persona humana es lo que se tiene que hacer prevalecer sobre todo en momentos de tensión”, mientras que el crecimiento de otras realidades confesionales como los centros budistas, el sijismo o la fe bahà’í hace que sean, como define, “vecinos que hay que respetar”.
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