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"Es el regreso a los místicos para el siglo XXI, fundamento de una fraternidad universal"
Jn 17, 11-19
El discípulo misionero vive en la unidad por la que el Señor ha orado, y anuncia, lugares privilegiados de Su presencia. Mantiene un continuado encuentro íntimo y místico con la presencia divina del Resucitado, con sus hermanos y con la creación, pues descubre sus lugares privilegiados, que facilitarán la misión:
Solo se ama aquello que se ve. Hombres y mujeres a quienes se lleva el anuncio misionero ya aman, y muchos de ellos, sin saberlo, aman un ‘tercer rostro’ de Dios: algunos viven experiencias de voluntariado en causas ecológicas, servicios a personas vulnerables y hasta la honesta construcción de infraestructuras de bien común. Es un amor al ‘ello’, a los bienes de Dios, en los que Él se manifiesta. El anuncio misionero no consistirá en separar el amor a Dios de este amor, sino en llevarlos a contemplar a Dios en lo que ya aman.
Entre los amores humanos sobresale el amor al ‘tú’ que es el lugar más importante y más universal para la experiencia de Dios: aquello de que ‘a Dios se le encuentra en el prójimo’ es casi un patrimonio humano. Pero este ‘segundo rostro’ de Dios, como un ‘Tú’, normalmente se desarrolla en las prácticas devocionales que muchos viven como balbuceos de un camino de fe. Es la búsqueda del encuentro personal con Dios. El anuncio misionero llevará entonces a que todos busquemos un camino orante de diálogo amoroso con Cristo, que es el rostro del Padre.
El discípulo misionero también se lanza a la experiencia contemplativa del Misterio de Dios, ya no como un ‘ello’ ni como un ‘Tú’, sino como el ‘Yo Soy’ de Dios que vive en lo más profundo de su corazón. Es a lo que se le llamaría, espiritualidad mística. Ya son muchos los hombres y mujeres que caminan en estas búsquedas. Para ellos también hay un anuncio. La misión consistirá en abrirles espacios para su despertar consciente de unidad inseparable de Dios. Es el regreso a los místicos para el siglo XXI, fundamento de una fraternidad universal. Allí está una semilla de esperanza, que sembraremos entusiasmados.
Práctica pascual:
Iniciar un estudio de la tradición de los místicos en la Iglesia, de sus prácticas meditativas y contemplativas, y abrir en el corazón la puerta a la dimensión más profunda de nuestra experiencia de Dios: la dimensión mística.
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