En una democracia no se puede gobernar, independientemente de la opinión pública. La búsqueda de consenso y la práctica de persuasión tienen que ser una prioridad para los cristianos que quieran servir a esta sociedad.
En este país de fanáticos siempre me ha sorprendido su capacidad de ponerse en el lugar del otro. No es casualidad que este sea también el tema central de la Biblia, que él siempre lee en la versión Reina-Valera.
Si he prolongado esta serie a pesar de no ser tan popular como otras, es porque creo que, si no entendemos la Historia, seguiremos cometiendo los mismos errores.
Es cierto que en este país hay mucha ignorancia religiosa sobre todo lo que no es católico y los periodistas están cada vez menos informados, pero tampoco podemos decir que se inventen las cosas.
La principal forma de atracción que tenía Jones –el énfasis en los milagros– se convierte en la razón por la que es denunciado por la prensa, hasta el punto de sentirse tan acosado, que se traslada finalmente a Guyana.
La astucia y sutileza de este dirigente sectario contrasta con la torpeza que la mayoría de los evangélicos siguen mostrando frente al poder establecido.
Jones había introducido cambios en su mensaje de amor. Ahora predicaba que el amor físico era tan bueno como el espiritual y animaba a sus fieles a desechar el egoísmo de una relación exclusivista.
Todos creemos distinguir bien a las personas, cuando se pone en evidencia su lado oscuro. Lo difícil es percibirlo en uno mismo, cuando nuestras motivaciones nos parecen tan dignas, como la conciencia por la justicia social de Jones.