La indefensión que experimentó el escritor en su tierna infancia es fundamental para entender su dificultad para creer en un Dios, cuya gracia providente se muestra en un cuidado real de sus criaturas.
A estas alturas de la vida poco espero de la justicia de este mundo, pero me doy cuenta de que la fuerza del prejuicio es tal, que de nada sirven los argumentos.
Savater observa que “con la religión hay gente que mejora y se purifica”, pero “para otros es una fuente de resentimiento, mojigatería y condena a los demás”.
La artista acaba de escribir sus memorias en tres libros, que van desde su infancia como Testigo de Jehová a su vida a finales de los años 60 y principios de los 70 con el fotógrafo Robert Mapplethorpe.
Samuel Beckett recibió una educación muy religiosa de su madre, que era “casi cuáquera”, pero en Francia se convertirá en uno de los creadores más importantes del llamado “teatro del absurdo”.
“Lo que me fascina de los mandamientos”, dice Kieslowski, “es que todos estamos de acuerdo en el hecho de que son justos, pero al mismo tiempo los violamos todos los días”.
Los cristianos creemos que nuestro lenguaje espiritual puede ocultar la realidad de lo que somos, cuando la Palabra de Verdad descubre nuestra impostura.