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(JCR)
Desde hace pocos días, siempre que paso por el tramo de la Avenida Boganda próximo al cruce con la gasolinera, me detengo a ver el mercado callejero de belenes en Bangui. Perfectamente alineados y ordenados según sus tamaños, sus figuritas de barro cocido han sido minuciosamente pintadas por los chicos que venden estos y otros objetos de adornos navideños.
En otros mercados de la calle abundan los juguetes, muchos de ellos de segunda mano, y casi siempre amontonados sobre esterillas. Los padres que tengan la suerte de tener algo de dinero en el bolsillo intentaran comprar un peluche o un cochecito a pilas para que sus hijos pequeños los compartan en casa y jueguen. Aquí casi siempre será un juguete para toda la prole. Uno para cada niño es un lujo que muy pocos se podrán permitir. Caminar por la calle buscando un regalo para estas fechas, acudir a la iglesia el día de Navidad y comer algo de carne toda la familia juntos ya es una fiesta por todo lo alto… sin olvidar lo más importante de todo: disfrutar de la fiesta en paz, algo que los habitantes de la capital centroafricana no siempre han tenido. Recuerdo que durante la Navidad de 2013, todos los días las milicias se enfrentaban a tiros en las calles mientras la aterrorizada población se encerraba en sus casas. Durante las fiestas de 2014 hubo también bastantes incidentes de violencia, y las del año pasado, vividas un mes después de la visita del Papa Francisco, resultaron más tranquilas.
Este ano rezamos para que tengamos lo más importante: una fiesta en paz. En Bangui llevamos un par de meses bastante tranquilos, pero a pocos cientos de kilómetros al norte hay enfrentamientos diarios con decenas de muertos y miles de desplazados. Los beligerantes son casi siempre milicianos de distintas facciones de la Seleka, todos ellos musulmanes, que luchan por el control de valiosos recursos naturales. Árabes, Rungas y Gulas contra pastores nómadas Peul, con venganzas y represalias llevadas a cabo con una crueldad inusitada. Para la gente de Bangui todo esto queda lejos, pero no hay que olvidar que estas etnias tienen también su representación en el barrio musulmán de la capital, el Kilometro Cinco, y sobre todo las personas de etnia Peul tienen miedo de que si un día sube la tensión al recibir noticias de masacres en las provincias, algunos miembros de grupos armados podrían pensar en vengarse atacando a sus vecinos Peul.
Y para terminar, una buena noticia de las que no suelen salir en los medios de comunicación: el pasado sábado 17 de diciembre, tuvo lugar en el Vaticano un concierto benéfico en el que el dinero recaudado se dividió en dos partes: una para ayudar al hospital pediátrico de Bangui, y la otra mitad para los damnificados en el último terremoto que asolo algunas localidades del centro de Italia. Durante este acto, el cardenal arzobispo de Bangui, Dieudonne Nzapalainga estuvo presente con nueve niños centroafricanos: tres musulmanes, tres protestantes y tres católicos, los cuales entregaron cuatro millones de francos CFA (cerca de ocho mil euros) recaudados recientemente en las iglesias de Bangui para ayudar a los niños italianos que perdieron sus casas durante el terremoto. También los pobres ayudan a los ricos, si me permiten la simplificación.
Hoy volveré a pasarme por el mercadillo navideño de Bangui. A todos nuestros lectores, muy Feliz Navidad.
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