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"En la vida, nunca está todo perdido", recuerda el Papa en una abarrotada plaza de San Pedro
"Jesús nos mira siempre con amor: como con Zaqueo, viene a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre y, si lo acogemos, viene a nuestra casa". El de hoy es, seguramente, uno de los pasajes más emotivos del Evangelio, el del encuentro entre Jesús y Zaqueo, el jefe de los publicanos en Jericó. Así quiso mostrarlo Francisco en su meditación del Angelus de este domingo, en una soleada (y abarrotada) plaza de San Pedro. Centrándose en "las dos miradas que se buscan: la mirada de Zaqueo, que busca a Jesús, y la mirada de Jesús, que busca a Zaqueo".
"Zaqueo era rico, odiado por todos y señalado como pecador", recordó Bergoglio, evocando su baja estatura, pero también "su bajeza interior, su vida mediocre, deshonesta, con la mirada siempre dirigida hacia abajo". "Y sin embargo, Zaqueo quiere ver a Jesús", subrayó el Papa. "Esto es fundamental: Zaqueo nos enseña que, en la vida, nunca está todo perdido. Siempre podemos dar espacio al deseo de recomenzar, de reiniciar, de convertirnos".
Y ahí se cruza la segunda mirada, la de Jesús, que "ha sido enviado por el Padre a buscar a quien se ha perdido; y cuando llega a Jericó, pasa precisamente bajo el árbol en el que está Zaqueo". Y es cuando Jesús levanta la mirada y le pide que baje, porque se quedará en su casa.
"Es una imagen muy hermosa, porque si Jesús debe alzar la mirada, significa que mira a Zaqueo desde abajo", reflexionó el Papa." Esta es la historia de la salvación: Dios no nos ha mirado desde lo alto para humillarnos y juzgarnos; por el contrario, se ha rebajado hasta lavarnos los pies, mirándonos desde abajo y restituyéndonos la dignidad".
Por eso, añadió, "el cruce de miradas entre Zaqueo y Jesús parece resumir toda la historia de la salvación: la humanidad con sus miserias busca la redención; pero, ante todo, Dios con su misericordia busca a su criatura para salvarla".
"Hermanos, hermanas, recordemos esto: la mirada de Dios no se detiene nunca en nuestro pasado lleno de errores, sino que ve con infinita confianza lo que podemos llegar a ser", incidió Bergoglio, que añadió que "si a veces nos sentimos personas de baja estatura, que no están a la altura de los desafíos de la vida y, menos aún, de los del Evangelio, empantanadas en los problemas y en los pecados, Jesús nos mira siempre con amor: como con Zaqueo, viene a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre y, si lo acogemos, viene a nuestra casa".
¿Cómo miramos a quienes se han equivocado y tienen dificultad para levantarse del polvo de sus errores? ¿Es una mirada desde lo alto que juzga, desprecia y excluye?
"¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Nos sentimos inadecuados y nos resignamos, o precisamente cuando nos sentimos desanimados buscamos a Jesús? Y, además, ¿cómo miramos a quienes se han equivocado y tienen dificultad para levantarse del polvo de sus errores? ¿Es una mirada desde lo alto que juzga, desprecia y excluye?", preguntó Francisco.
"Sólo podemos mirar de arriba hacia abajo al otro, para levantarlo", explicó. "Los cristianos debemos tener la mirada de Cristo, desde abajo, que abraza, que busca al que está perdido, con compasión. Esta es, y debe ser, la mirada de la Iglesia, siempre".
Tras el rezo del Angelus y, en los saludos, el Papa mostró su pesar por el atentado de Mogadiscio, que se ha cobrado la vida de casi un centenar de personas, y también "por los jóvenes, que en una avalancha de personas murieron en Seúl".
Al tiempo, pidió un aplauso para la beata María Berenice, "al servicio de Dios y de los hermanos", que subió a los altares ayer en Medellín (Colombia). "No olvidemos por favor, en nuestra oración y dolor, a la martirizada ucrania. Oremos por la paz, no nos cansemos de hacerlo".
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