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Francisco, a las mujeres católicas: "Hablen claro, discutan, sigan adelante"
"Hoy, en que se celebra la memoria de las apariciones de la Virgen María a los pastorcitos de Fátima, estoy muy triste, porque en ese país se promulga una nueva ley para matar. Un nuevo país donde se aprueba la eutanasia". Unas palabras improvisadas del Papa Francisco mostraron su dolor ante la aprobación, por parte del Parlamento luso, de la ley de eutanasia.
Francisco hizo estas declaraciones durante un emotivo encuentro con la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas en las que, también improvisando, defendió la presencia de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. "La humanidad, sin la mujer está sola, una soledad triste, que causa toda clase de daños a la sociedad".
"Hablen claro, discutan, sigan adelante", concluyó Francisco a las mujeres, en un discurso pronunciado enteramente en castellano, donde les animó a "renovar su empuje misionero" y "mirar al futuro con los ojos y el corazón abiertos al mundo, para escuchar el lamento de tantas mujeres que sufren en el mundo la injusticia, el abandono, la discriminación, la pobreza".
Así, les animó a ser "samaritanas", compañeras de viaje, "que lleven esperanza y serenidad a los corazones, ayudando, y haciendo que otros ayuden a aliviar las necesidades corporales y espirituales de la humanidad". Y es que, añadió Francisco, "hoy en día, hay una urgente necesidad de encontrar la paz en el mundo, una paz que, sobre todo, inicia en el interior del corazón, un corazón enfermo, lacerado por la división del odio y del rencor".
Del mismo modo, añadió Francisco, "es preciso valorar más su capacidad de relación y de donación, y que los hombres comprendan mejor la riqueza de la reciprocidad que deben hacia la mujer, para recuperar esos elementos antropológicos que caracterizan la identidad humana y con ella, la de la mujer y su rol en la familia y en la sociedad, en la que no deja de ser un corazón latente".
Con todo, insistió Bergoglio, es preciso reivindicar "el don de la “maternidad” y la tarea de “cuidar” a sus hijos en la Iglesia". "También ustedes como mujeres poseen ese don y esa tarea, en cada uno de los ámbitos donde están presentes", añadió: "Creo que las mujeres tienen esa capacidad de pensar lo que sienten, de sentir lo que piensan y hacen, y de hacer lo que sienten y piensan. Las animo a seguir ofreciendo esa sensibilidad al servicio de los demás".
Y, junto a ello, la unidad, la "comunión con la Iglesia, con mi familia o con mi organización, que me ayudan a madurar en la fe". Porque "hay que “rezar” las obras y “obrar” cuanto se ha visto en la oración, para situarse en sintonía con la misión de toda la Iglesia. Es esta también la esencia de la sinodalidad, lo que hace sentirse protagonista y corresponsable del buen ser de la Iglesia, para saber integrar las diferencias y trabajar en armonía eclesial", finalizó el Papa.
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