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Francisco reclama a políticos y gobernantes que “encuentren el camino justo” para el día después del coronavirus
Lunes de Pascua. Cristo ha resucitado. También en Santa Marta. En el ambón, una imagen del Cristo resucitado. Las albas y estolas blancas, tanto de Francisco como de los sacerdotes que acompañan desde los bancos una nueva misa en tiempos de confinamiento.
Sin dejar de orar por los muertos, el Papa comienza a pensar en el día después. “Oremos por los gobernantes, los científicos, los políticos que comenzaron a estudiar la vía de salida después de la pandemia, que ya ha comenzado. Y para que encuentren el camino justo, siempre en favor de las personas y del pueblo”, avanzó en su saludo.
En la homilía, Francisco se centró en las dos opciones que rigen desde el día de la Resurrección de Jesús: “La alegría, la esperanza de la Resurrección, o la nostalgia del sepulcro”. En el primer lugar, las mujeres, “que van adelante llevando el anuncio, siempre Dios comienza con las mujeres, siempre. Abren el camino. No dudan, saben, lo han visto, lo han tocado. También han visto el sepulcro vacío”.
Por el otro, los que creen que “es mejor vivir sin el sepulcro vacío”. “¿Cuántos problemas nos traerá el sepulcro vacío?, de ahí la decisión de esconder el hecho”, admitió el Papa, que recordó que “sólo hay dos señores, y cuando no se sirve a Dios, se sirve al dinero”. Esta fue la opción de los sacerdotes, de los doctores de la ley, “que pagan el silencio de los testigos”, como aquel guardia que afirmó, al pie de la cruz, que Jesús era hijo de Dios.
“Pagar por el silencio es corrupción en estado puro”, denunció Bergoglio. “¿Dónde está el sello de tu sepulcro, dónde está tu corrupción?”, se preguntó. No es lo mismo la gente que no profesa a Jesús porque no le conoce, “porque no lo hemos anunciado bien, es culpa nuestra”, que los que, conociéndole, “toman el camino del diablo y la corrupción: si se paga estás callado”.
“También nosotros, ante el próximo final de la pandemia, esperemos que sea pronto, estamos delante de este camino. ¿Apostamos por la vida, por la resurrección de los pueblos, o será por el Dios dinero? ¿Regresaremos a la esclavitud del hambre, de las guerras, de la fabricación de armas, a los niños sin educación?”, cuestionó Francisco.
“Ahí está el sepulcro”, concluyó, pidiendo que nuestro camino a seguir, “en nuestra vida personal o social” sea “un anuncio que abre horizontes, que nos lleve a elegir el bien de la gente, y jamás caer en el sepulcro del Dios dinero”.
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