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El Papa bautiza a 16 pequeños en la Capilla Sixtina
16 niños (siete niños y nueve niñas), bebés menores de un año, hijos de empleados de la Santa Sede y de la Curia Romana, recibieron esta mañana las aguas del Bautismo de manos del Papa Francisco, en una de las ceremonias más emotivas de todas cuantas se celebran en el Vaticano. El marco, incomparable: la Capilla Sixtina. La música de fondo, la de la vida, los llantos, los grititos, de los pequeños, que rejuvenecen a un Pontífice que disfruta con la máxima del Evangelio: "Dejad que los niños se acerquen a mí".
Una ceremonia, la del bautizo en la Sixtina, que el pasado año no se celebró, y que este 2022 estuvo en el alambre por las restricciones provocadas por la variante 'Omnicron', pero que finalmente se llevó a cabo. Bajo la inmensa belleza de los frescos de Miguel Ángel, en el mismo lugar en el que, hace casi nueve años, fue elegido Papa, y flanqueado por la pila bautismal (circular, y rodeada con ramas de olivo) y el tradicional cirio pascual encendido, Bergoglio presidió el rito del bautismo. Junto a él, el cardenal Krajewski y el español monseñor Vergés, encargados de ungir a los pequeños con el óleo.
"Queridos niños, la Iglesia os recibe con alegría con el signo de la cruz", arrancó el Papa, recibiendo a los pequeños, antes de bautizarles. Antes del rito, y en una homilía 'a braccio', Bergoglio recordó la necesidad de caminar al Señor "con los pies y el alma desnudos". "Estos niños vienen así para recibir la fuerza de Jesús, para ir adelante en la vida".
"Sus hijos recibirán hoy la identidad cristiana y ustedes, padres y padrinos, tienen que cuidar de su identidad cristiana. Es un trabajo de todos los días, para hacerlos crecer con la luz que hoy recibirán". Es fue el breve mensaje: "Cuidar la identidad cristiana", recordó el Papa, quien insistió en que los pequeños "son los protagonistas de esta ceremonia. Que se sientan bien, y si tienen hambre, dénles de comer, esta es la Casa del Señor. Y si lloran, déjenles llorar, porque ellos tienen un espíritu de comunidad, de coro, de estar juntos. Basta que uno comience, todos son un coro musical, Déjenlos llorar, que se sientan libres". Y los niños, como no podía ser de otra manera, hicieron caso al Papa, y lloraron, y jugaron y rieron.
Estos bebés, hijos de empleados de la Santa Sede y de la Curia Romana, tienen el privilegio de recibir el primero de los sacramentos de manos del propio Papa. Esta tradición fue establecida por el Pontífice polaco, San Juan Pablo II, que instituyó esta práctica el 11 de enero de 1981, primero en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, y después, a partir de 1983, entre los muros de la Capilla Sixtina.
Al principio, bajo el pontificado del antiguo arzobispo de Cracovia, la ceremonia de bautismo en la Capilla Sixtina estaba reservada a los hijos de los guardias suizos, antes de extenderse a los hijos de los funcionarios laicos de la Curia.
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