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"Es hermoso que las fronteras no representen barreras que separan, sino zonas de contacto"
"Es hermoso que las fronteras no representen barreras que separan, sino zonas de contacto". Al término de la misa, y tras escuchar el agradecimiento del cardenal Erdö, Francisco rezó el Regina Coeli en la explanada de la plaza del Parlamento, en la que realizó un llamado claro a la unidad, y a la paz, entre "el martirizado pueblo ucraniano" y, también, "al pueblo ruso".
Tras saludar a la presidenta del país, con quien mantuvo una evidente sintonía a lo largo de estos tres días, al primer ministro Orban y al resto de autoridades, quiso agradecer "a todo el amado pueblo húngaro por la acogida y el afecto que he sentido en estos días". "A todos les digo: köszönöm, Isten fizesse! [¡gracias, que Dios los recompense!]".
Francisco quiso tener "un recuerdo especial por los enfermos y los ancianos, por quienes no han podido estar aquí, por quienes se sienten solos y por quienes han perdido la fe en Dios y la esperanza en la vida. Estoy cerca de ustedes, rezo por ustedes y los bendigo".
"El cardenal Erdő ha dicho que aquí se vive 'en la frontera oriental de la cristiandad occidental desde hace mil años'", señaló Bergoglio. "Es hermoso que las fronteras no representen barreras que separan, sino zonas de contacto; y que los creyentes en Cristo pongan en primer lugar la caridad que une y no las diferencias históricas, culturales y religiosas que dividen", apuntó.
"Nos congrega el Evangelio y es volviendo allí, a las fuentes, donde el camino entre los cristianos proseguirá según la voluntad de Jesús, Buen Pastor, que nos quiere unidos en un solo rebaño", proclamó.
"Desde esta gran ciudad y desde este noble país quisiera confiar de nuevo a su corazón (de la Virgen) la fe y el futuro de todo el continente europeo, en el que he estado pensando estos días y, de modo particular, la causa de la paz", imploró Bergoglio, con un nuevo llamamiento a la paz en Ucrania.
"Santísima Virgen, mira a los pueblos que más sufren. Mira sobre todo al cercano y martirizado pueblo ucraniano y al pueblo ruso, consagrados a ti. Tú eres la Reina de la paz, infunde en los corazones de los hombres y de los responsables de las naciones el deseo de construir la paz, de dar a las jóvenes generaciones un futuro de esperanza, no de guerra; un futuro lleno de cunas, no de tumbas; un mundo de hermanos, no de muros".
"Te pedimos por la Iglesia en Europa, para que encuentre la fuerza de la oración; para que descubra en ti la humildad y la obediencia, el ardor del testimonio y la belleza del anuncio. A ti te encomendamos esta Iglesia y este país", concluyó el Papa la oración mariana, despidiéndose del pueblo húngaro: "Isten éltessen! [¡Felicidades!]. Agradecido por estos días, los llevo en el corazón y les pido que recen por mí. Isten áld meg a magyart! [¡Que Dios bendiga a los húngaros!]".
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