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Francisco pide rezar por los médicos de Bérgamo y por las autoridades, que sufren “las incomprensiones”
Cuaresma, tiempo de paso, pero también de mirarse a uno mismo y a sus pecados, y a buscar el perdón de Dios. A acercarse a la Confesión. “Pero ¿dónde puedo encontrar a un sacerdote si no se puede salir de casa? ¿Cómo puedo hacer?”, le preguntan al Papa. “Haz lo que dice el Catecismo: si no encuentras a un sacerdote para confesarte, habla directamente con Dios (…), pídele perdón con todo el corazón, delante de él, prométele que luego te confesarás... y llegará de inmediato la Gracia de Dios”.
“Tú mismo te puedes acercar al perdón de Dios sin tener cerca la mano de un sacerdote. Es el momento justo, el momento oportuno: un acto de contrición, de dolor bien hecho, y así nuestra se convertirá en blanca como la nieve”, señaló Francisco en la misa matutina de Santa Marta, en la que tuvo un recuerdo especial para los sanitarios de Bérgamo y para todas las autoridades que gestionan la pandemia y que sufren “las incomprensiones”.
“Ayer recibí el mensaje de un sacerdote, desde Bérgamo, que nos pide que recemos por los médicos de Bérgamo, Brescia, Cremona, que están al límite del trabajo. Están dando la propia vida para ayudar a los enfermos, para salvar la vida de los demás”, confesó Francisco, quien también pidió que “oremos por las autoridades. Para ellos no es fácil administrar este momento, que muchas veces sufren las incomprensiones. Las autoridades, en este momento, son las columnas que nos ayudan a ir adelante, y nos defienden en esta crisis, oremos por ellos”.
Comentando el pasaje del profeta Oseas 'Regresa a Israel, soy tu Dios', el Papa recordó su infancia en Buenos Aires, y “una canción que cantaba hace 75 años Carlos Dutti, y que las familias italianas en Buenos Aires escuchaban con mucho gusto. 'Regresa a tu padre, el arrullo aún te cantará'”.
Y es que, como en la canción, “Dios es tu padre, regresa a casa”, también le lleva a otro recuerdo, el del Evangelio del Hijo Pródigo, cuando “el papá ve venir al hijo de lejos. Eso quiere decir que lo esperaba. Cuántas veces al día habría salido a buscarlo”.
“Es la ternura de Dios, que nos habla especialmente en la Cuaresma. En este tiempo en el que tenemos que entrar en nosotros mismos, y nos pide regresar al Padre”, subrayó Francisco. Y es que, pese a la vergüenza, “el Dios de la ternura nos sanará de tantas heridas de la vida, y de tantas cosas malas que hemos hecho”.
“Él es capaz de transformarnos, de cambiar el corazón, pero quiere que demos el primer paso: no es ir a Dios, ¡es regresar a casa!”, imploró Bergoglio, quien insistió en que éste es el momento del Sacramento de la Confesión. “No el momento de ajustar cuentas, no me gusta esa expresión. Es el momento de dejar que Dios nos 'emblazquezca', nos ablande”. Confesarse, y reencontrarse con Dios. Y si no hay sacerdote disponible, “habla con Dios, es tu padre... y llegará la Gracia de Dios”. Amén a eso. “Regresa a tu padre, que te espera, y hará fiesta por eso”.
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