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El Papa tuitea las últimas palabras del sacerdote mártir de Auschwitz
(Vatican News).- "Caballero de la Inmaculada" cuando aún era un novicio de poco más de veinte años, soñaba con renovar el mundo a través de la Madre de Jesús, creando comunidades y publicando una revista, a pesar de las limitaciones de la tuberculosis que le obligaban a hacer periódicas, y largas, paradas en el sanatorio. Y luego "príncipe", cuando con su uniforme de Auschwitz llevaba los cadáveres al crematorio con tal sentido de la piedad y dignidad que alguien en el campo de concentración dijo de él: "Era un príncipe entre nosotros".
La Iglesia recuerda el 14 de agosto al caballero, príncipe y mártir Maximiliano Kolbe, y ese mismo día las palabras del Papa publicadas en la cuenta de Twitter @Pontifex suenan a síntesis del mensaje que el santo polaco dejó con el testimonio de su vida: "Sólo el amor apaga el odio, sólo el amor vence la injusticia. Sólo el amor deja lugar al otro. Sólo el amor es el camino para la plena comunión entre nosotros".
La historia del fundador de la Milicia de la Inmaculada Concepción, beato prematuramente (la causa se abrió en 1960, mucho antes de los 50 años desde su muerte -ocurrida el 14 de agosto de 1941- previstos entonces por el Derecho Canónico) y luego santo gracias a Juan Pablo II en 1982, es más que conocida. Una historia ejemplar de heroísmo cristiano que siempre vale la pena recordar. Detenido por los nazis en febrero del 41 con otros hermanos, el padre Maximiliano entró en Auschwitz el 28 de mayo siguiente.
El infierno del campo cuenta pequeños rincones de paraíso gracias a la habilidad del religioso, número de serie 16670, para saber soportar la crueldad y consolar a sus compañeros de prisión. Cuando uno de ellos logró escapar, se desencadenó la represalia nazi, que encerró a 10 internos para que murieran en el búnker del hambre, y el padre Kolbe, que decía ser sacerdote católico, se ofreció a ocupar el lugar de un padre de familia polaco, Franciszek Gajowniczek, un hombre que hasta sus últimos días, en 1995, no dejó de relatar la enormidad del gesto que le salvó la vida.
El padre Maximiliano duró 14 días en el búnker, luego fue rematado con una inyección de fenol y llevado al crematorio la víspera de la fiesta de la Asunción. El testamento del caballero y príncipe son sus últimas palabras, en las que se hace eco del tuit del Papa: "El odio es inútil, sólo el amor crea".
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