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Francisco defiende el papel de las mujeres como "sembradoras de esperanza y constructoras del futuro" en la Iglesia y el mundo

Mensaje del Papa al congreso sobre Doctoras de la Iglesia de la Urbaniana

"Se sintieron co responsables en subsanar los pecados y miserias de su tiempo, y contribuyeron a la misión de evangelización desde una plena sintonía y comunión eclesial"

"La sensibilidad actual del mundo reclama que se devuelva a la mujer la dignidad y el valor intrínseco con que ha sido dotada por el Creador"

Mujer e Iglesia | Agustín de la Torre

Teresa de Calcuta, Catalina de Siena, Teresa de Lisieux, Hildegarda de Bingen, Brígida de Suecia o Teresa Benedicta de la Cruz. Doctoras de la Iglesia y co-patronas de Europa, a las que el Papa quiso reivindicar durante la apertura del congreso que se está celebrando en la Universidad Urbaniana, rescatando su papel como "sembradoras de esperanza y constructoras del futuro".

En un video mensaje dirigido a los participantes del encuentro, Bergoglio subraya cómo "la sensibilidad actual del mundo reclama que se devuelva a la mujer la dignidad y el valor intrínseco con que ha sido dotada por el Creador".

"El ejemplo de vida de estas santas, pone de relieve algunos elementos que diseñan esa femineidad tan necesaria en la Iglesia y en el mundo: fortaleza para arrostrar dificultades, su capacidad de lo concreto, una disposición natural para ser propositivas en aras de lo más bello y humano, según el plan de Dios, y una visión clarividente del mundo y de la historia profética", recalcó Francisco.

En su alocución, el Papa subrayó el "nuevo protagonismo" de estas santas "por su permanencia, profundidad y oportunidad", que "ofrece luz y esperanza a nuestro mundo, en las actuales circunstancias, tan fragmentado y falto de armonía". Todas ellas, pese a pertenecer a épocas y lugares diversos, "tienen en común el testimonio de una vida santa".

"Mujercillas flacas" que fueron fuertes

Así, fueron "dóciles al Espíritu, por la gracia del Bautismo, recorrieron su camino de fe movidas, no por ideologías mutables, sino por una adhesión inquebrantable a la «humanidad de Cristo» que permeaba sus acciones", añadió el Papa.

"También ellas se sintieron incapaces y limitadas en algún momento, 'mujercillas flacas', como diría Teresa de Jesús, ante una empresa que les superaba", explicó. "¿De dónde sacaron la fuerza para llevarla a cabo, sino del amor a Dios que llenaba sus corazones? Como Teresa de Lisieux, pudieron realizar en plenitud su vocación, “su caminito”, su proyecto de vida. Un camino asequible a todos, el de la santidad ordinaria".

"La sensibilidad actual del mundo reclama que se devuelva a la mujer la dignidad y el valor intrínseco con que ha sido dotada por el Creador", incidió Francisco, reivindicando "esa femineidad tan necesaria en la Iglesia y en el mundo", con fortaleza, propuesta y profecía para ser "sembradoras de esperanza y constructoras del futuro". Y, así, "se sintieron co responsables en subsanar los pecados y miserias de su tiempo, y contribuyeron a la misión de evangelización desde una plena sintonía y comunión eclesial".

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