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Santo súbito, papa Francisco
"Pienso en la Iglesia hoy... ¿somos capaces de entrar en el Misterio?"
El Papa eligió la solemnidad de San José para comenzar su misión como obispo de Roma. José, el padre de Jesús, el custodio de la Humanidad, está más presente que nunca en este mundo en cuarentena. La iglesia de los cuidados, de la atención, de la presencia callada, silenciosa. El “siervo fiel y prudente”, como recalcó Francisco desde Santa Marta, después de una semana de misas abiertas a través de las nuevas tecnología
Revestido de blanco (pese a todo, hoy es fiesta litúrgica), Bergoglio quiso dedicar la Eucaristía a “los hermanos y hermanas que están en la cárcel” y que “sufren por la incertidumbre de qué sucederá en la cárcel, y también pensando en sus familias, cómo están, si hay algún enfermo...” “Seamos cercanos a los encarcelados hoy, que sufren tanto en este momento de incertidumbre y dolor”.
En su homilía, Francisco recordó cómo el Evangelio califica a José como “un justo, un hombre de fe”, de aquellos que “viven la fe como fundamento de aquello que espera, como garantía de aquello que no se ve, en la prueba de que no se ve”.
“José tenía fe, por eso era justo. No sólo porque creía, sino porque vivía esta fe”, glosó el Papa. “Un hombre justo, elegido para educar a un hombre, que era un hombre verdadero y verdadero Dios. El Señor eligió a un justo, un hombre de fe”.
“Un hombre capaz de ser hombre, y también capaz de hablar con Dios”, explicó el Papa. Y es que ésta es la clave: “Un hombre capaz de hablar con el misterio, de tener un diálogo con el misterio de Dios, con la misma naturalidad que desarrollaba su oficio, capaz de ajustar milimétricamente con la madera un ángulo, y de entrar en el Misterio que no podía controlar. Esta es la santidad de José”.
¿Hace esto la Iglesia hoy?, se preguntó Francisco. “Pienso en la Iglesia hoy, en nuestros fieles, en nuestros obispos, en nuestros sacerdotes, consagrados y consagradas. En los papas.... ¿somos capaces de entrar en el Misterio? ¿O tenemos necesidad de regularnos según las preselecciones que nos defienden de aquello que no podemos controlar?”
“Cuando la Iglesia pierde la posibilidad de entrar en el misterio, pierde la capacidad de adorar”, lamentó Francisco, quien pidió “que la Iglesia pueda vivir en la concreción de la vida cotidiana, y también en la 'concreción' del misterio. Si no puede hacerlo, será una Iglesia a la mitad, será una asociación pía, que es llevada adelante por medio de prescripciones, pero sin el sentido de la adoración”.
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