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"Recemos por la paz en Ucrania, en Oriente Medio, en el mundo entero", señaló en el Angelus
"¿Nos acordamos de la fecha de nuestro Bautismo?". El Papa Francisco puso fin a las celebraciones del tiempo navideño con su presencia en el balcón de la plaza de San Pedro para el rezo del Angelus. Después de haber bautizado a 21 bebés en la Capilla Sixtina, Bergoglio quiso reflexionar sobre la escena evangélica de Jesús en el Jordán, recibiendo el bautismo de manos de su primo Juan, y la frase que resonó en el Cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Y, aquí, destacó dos características "humanas, que Dios hace propias": el rostro y la voz. "Es en el rostro del Hijo amado que nosotros conocemos quién es Dios verdaderamente; y es en el rostro del Hijo amado que podemos entrever también nuestros elementos esenciales, descubrirnos también nosotros hijos del Padre y reconocer su presencia en las hermanas y en los hermanos", explicó el Papa.
En segundo lugar, la voz del Padre, "otro signo que acompaña la revelación de Jesús en el momento del bautismo". Porque "Dios, a través de su Palabra, nos indica la esencia de su naturaleza: el amor. Dios es amor, Dios nos ama a todos como hijos, ¡recordémoslo!".
Y quien acoge este amor "se convierte en hijo como Jesús", recordó el Papa, quien insistió en que "la fiesta de hoy nos hace contemplar el rostro y la voz de Dios, que se manifiestan en la humanidad de Jesús". Así, preguntó a los fieles apostados en torno a la plaza: "¿Nos sentimos amados y acompañados por Dios o pensamos que esté distante de nosotros? ¿Somos capaces de reconocer su rostro en Jesús y en los hermanos? ¿Escuchamos su voz?".
"Y aprovechemos también para preguntarnos: ¿nos acordamos de la fecha de nuestro bautismo? Es un día importante, para grabar en nuestro corazón: es el día en el que hemos renacido a la vida nueva, introducidos en el misterio de Cristo y de la Iglesia" finalizó el Papa, antes de los saludos posteriores al rezo, pidiendo, como otros años, "festejar esta fecha como un nuevo cumpleaños".
Al término del rezo, en sus saludos finales, Francisco mostró su cercanía a la población de Los Angeles, donde se "han desatado incendios devastadores", y recordó su "alegría" al bautizar a los hijos del personal vaticano. "Quisiera pedir al Señor por las jóvenes parejas, para que tengan la alegría de acoger el don de los hijos, y llevarles al Bautismo".
"Recemos por la paz en Ucrania, en Oriente Medio, en el mundo entero", finalizó el pontífice. "No dejemos de rezar por la paz, y no olvidemos que la guerra siempre es una derrota".
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