El reconocimiento popular de la santidad del papa Francisco
Santo súbito, papa Francisco
Mensaje para la 74ª Semana Litúrgica Nacional de Italia
(Vatican News).- Una celebración en la que quienes participan se sienten parte de un cuerpo unido, de una oración que se eleva a Dios como un coro que une las voces de todos, necesita un cuidado especial. Más que eso, necesita un «arte». Este es el tema central de la 74ª Semana Litúrgica Nacional en Italia, que desde lunes y hasta el próximo jueves acoge la archidiócesis de Módena-Nonantola.
En un mensaje firmado por el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, el Papa escribe al presidente del Centro de Acción Litúrgica, el arzobispo de Catanzaro-Squillace Claudio Maniago, destacando enseguida la característica principal de la oración litúrgica que, afirma, «rehúye toda forma de individualismo y división».
El título de la Semana afirma que es en la liturgia donde se manifiesta «la verdadera oración de la Iglesia», en la relación entre el Pueblo de Dios, por una parte, y el ars celebrandi, por otra. La oración litúrgica, enfatiza el mensaje, «es una escuela de comunión que libera el corazón de la indiferencia, acorta las distancias entre hermanos y hermanas y se ajusta a los sentimientos de Jesús. No es un compromiso de algún pequeño grupo, sino que implica a «todos los bautizados» y ya en la Carta apostólica sobre la formación litúrgica Desiderio decideravi Francisco - recuerda- subrayaba que «los gestos propios de la asamblea, como la reunión, las posturas del cuerpo, el estar en silencio, las expresiones de la voz, la implicación de los sentidos, son los modos con los que participa en la celebración».
Cuatro son los aspectos que el Papa destaca para una oración litúrgica que sea verdaderamente tal. El primero se refiere al redescubrimiento de la «coralidad», un entrelazamiento de voces que Francisco invita a experimentar y no sólo a evocar, por ejemplo a través de la práctica de la Liturgia de las Horas. Las comunidades, es su deseo, «vuelven a elevar a coro» la oración de los Salmos, aprendiendo «a vivir, en la liturgia y en la vida, el valor de la unidad y de la comunión». El segundo aspecto es el vínculo entre la liturgia y el canto sagrado, en el que, observó Francisco, la música «no es un elemento ornamental, sino parte integrante y necesaria de la misma» y exige un cuidado especial, sobre todo en las liturgias dominicales.
Del canto, Francisco pasa al silencio. Este «acto de silencio» contrarresta «el frenesí, el ruido y el parloteo que nos minan en nuestra vida cotidiana», mientras que el gesto «sagrado» del silencio se convierte en un tiempo y un espacio propicios para «cultivar la mirada contemplativa» y «dar profundidad a la oración del corazón». Hay luego una cuarta y última dimensión que se refiere a la «promoción de la ministerialidad litúrgica, en la que -indica Francisco- “es importante leer los ministerios al servicio de la liturgia” y su presencia “diversificada” alimenta “la participación activa de la asamblea y promueve la corresponsabilidad en la misión”, manifestando, concluye, “la naturaleza sinodal de la Iglesia”.
También te puede interesar
El reconocimiento popular de la santidad del papa Francisco
Santo súbito, papa Francisco
Hacer memoria agradecida por este hombre de Dios es justo y necesario
Cuatro meses sin Francisco: su mensaje sigue vivo en fieles y comunidades
Francisco y la teología de la liberación
Los aportes a la teología del papa de "todos, todos, todos": Heaney y Cimperman sobre el legado de Francisco
Suicidio sacerdotal y sistema eclesiástico
El Sentido Perdido: Suicidio, Sacerdocio y la Mentira del Espiritualismo Desencarnado
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma