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Los que trabajan la tierra, principales testigos de la ecología integral
Quienes trabajan la tierra, quienes cuidan los cultivos y el ganado, dijo el papa Francisco, son los principales testigos de la ecología integral que necesita el mundo, y destacó su responsabilidad para que la producción y distribución de alimentos nunca se conviertan en un arma de destrucción, guerra o un mecanismo de especulación económica o política.
Dirigiéndose a un grupo de jóvenes agricultores de España -miembros de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores- durante una audiencia en el Vaticano este sábado 13 de mayo, el Papa recordó su propia experiencia de primera mano en el mundo agrícola diciendo: “Argentina es un país principalmente dedicado a la ganadería y, aunque soy de la ciudad, he tenido la oportunidad de conocer la realidad del campo.”
Hablando despreocupado, recordó un episodio durante su formación teológica en el que se encontró en un campo y los estudiantes nacidos en la ciudad expresaron su preocupación por “una vaca moribunda”.
“La pobre vaca estaba allí, pariendo. Pero siendo de la ciudad, habiendo comido cemento desde que era un niño, no tenía idea de cómo diferenciar entre una vaca moribunda y una vaca pariendo, ¿verdad? Fue entonces cuando me di cuenta de que hay una ciencia que solo se puede adquirir a través de la vida y la experiencia”, dijo.
Esto, explicó, le permitió entender que las personas que trabajan “con animales, con plantas”, viven cada día “mirando al cielo” y “reconociendo en el gorjeo, bramido o relincho la alegría o el miedo, la añoranza o la plenitud de la naturaleza que te rodea”, son los primeros ecologistas.
“La vocación a la que Dios nos ha llamado nos hace testigos de la ecología integral que el mundo necesita”, continuó el Papa, y dijo que Dios los llama a colaborar en la tarea de la creación cuidando la tierra y sirviendo a la sociedad.
“¿Qué, les pide Dios en esta obra? Te pide que pienses en el campo como un regalo, como algo que te ha sido dado y que dejarás en herencia a tus hijos; pensar en la producción como un don que el Señor, a través de ustedes, envía a su pueblo para saciar su hambre y saciar su sed”.
El Santo Padre agradeció a los presentes su dedicación y les recordó su responsabilidad -como elementos que participan en la producción, elaboración y distribución de alimentos- de trabajar para que “este inmenso bien que Dios nos da no se convierta en un arma”.
“Por ejemplo, restringiendo la llegada de alimentos a poblaciones en conflicto -o convirtiéndolo en un mecanismo de especulación, manipulando el precio y la comercialización de los productos con el único fin de obtener un mayor beneficio”, explicó.
“Esto es lo que debemos denunciar, lo que debe hacer que nos duela el corazón; los animales que cuidas con tanta dedicación no lo merecen, las personas por las que trabajas con tanto entusiasmo no lo merecen, Dios no lo merece. Los ofende a ellos y te ofende a ti”.
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