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El Papa dice 'No' al "ritualismo" y pide oraciones antes de su viaje a Asia y Oceanía
Los puros, los escribas y fariseos, los "estrictos observadores de las normas", fueron los elegidos en la reflexión del Papa en el Angelus de este domingo. Tomando el Evangelio en el que Jesús es acusado de impureza por no lavarse las manos, el Papa invitó a reflexionar sobre el significado de la "pureza", también, en la Iglesia de hoy. Antes de irse de viaje, como le recordaron unos fieles con una gran pancarta: "Buen viaje, papa Francisco", se leía. El mismo pontífice lo recordó después de su reflexión dominical, pidiendo oraciones parea el que será el viaje más largo de su pontificado.
Una pureza, señaló el Papa, que "no está ligada a ritos externos, sino ante todo a actitudes interiores". Y es que, añadió, "para ser puro, de nada sirve lavarse las manos varias veces, si luego se albergan malos sentimientos como la avaricia, la envidia y la soberbia, o malas intenciones como el engaño, el robo, la traición y la calumnia".
"Esto es ritualismo, que no hace crecer en la bondad; al contrario, a veces puede llevar a descuidar, o incluso a justificar, en uno mismo y en los demás, opciones y actitudes contrarias a la caridad, que hieren el alma y cierran el corazón", denunció el Papa, poniendo ejemplos del día a día.
"No se puede, por ejemplo, salir de la Santa Misa y, ya en el parvis de la iglesia, detenerse con habladurías malvadas y despiadadas sobre todo y todos (....). La habladuría es una cosa fea", añadió. "O mostrarse piadoso en la oración, pero luego en casa tratar a los miembros de la propia familia con frialdad y desapego, o descuidar a los padres ancianos, que necesitan ayuda y compañía", incidió. "Esto es una doble vida, que no se puede tener, es lo que hacían los fariseos".
No se puede ser aparentemente muy justo con todo el mundo, tal vez incluso hacer un poco de voluntariado y algunos gestos filantrópicos, pero luego en el interior cultivar el odio hacia los demás, despreciar a los pobres y a los últimos, o comportarse deshonestamente en el propio trabajo
Tampoco, "ser aparentemente muy justo con todo el mundo, tal vez incluso hacer un poco de voluntariado y algunos gestos filantrópicos, pero luego en el interior cultivar el odio hacia los demás, despreciar a los pobres y a los últimos, o comportarse deshonestamente en el propio trabajo".
Al actuar así, subrayó el pontífice, "la relación con Dios se reduce a gestos externos, y en el interior permanecemos impermeables a la acción purificadora de su gracia, demorándonos en pensamientos, mensajes y comportamientos sin amor".
"No, no estamos hechos para esto, sino para la verdadera pureza: la pureza que Dios nos da, si le permitimos que deseche de nosotros toda sombra de egoísmo, soberbia y juicio, para moldearnos a imagen de su Hijo Jesús, que dio su vida por nosotros", concluyó el Papa, quien como todos los domingos finalizó con algunas preguntas: "¿Vivo mi fe con coherencia? En mis sentimientos, palabras y obras, ¿hago concreto en mi cercanía y en el respeto a mis hermanos y hermanas lo que digo en la oración?".
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