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Santo súbito, papa Francisco
Recuerda a Ucrania: "No nos olvidemos de este pueblo afligido por la guerra"
"Sigo con preocupación lo que está sucediendo en Ecuador. Me siento cerca de este pueblo, y animo a todas las partes a abandonar la violencia y las posiciones extremas. Solo con el diálogo se podrá alcanzar la paz social". El Papa quiso recordar, durante el Angelus, la tensión vivida en el país sudamericano en las últimas semanas, reclamando "atención a las poblaciones pobres, respetando los derechos de todos".
El Papa también recordó a Ucrania. "Allí continúan bombardeos, que causan muerte y destrucción a la población. Por favor, no nos olvidemos de este pueblo afligido en la guerra. No nos olvidemos de ellos, en nuestro corazón y nuestras oraciones", señaló.
El triunfo y la derrota, la pasión y la gloria. El "gran viaje" de los discípulos a Jerusalén, pensando que Jesús sería entronizado como el rey de los judíos fue la base sobre la que giró la reflexión del Papa en el Angelus. "Los discípulos, llenos de un entusiasmo todavía demasiado mundano, sueñan que el Maestro está en camino hacia el triunfo; Jesús, en cambio, sabe que en Jerusalén le esperan el rechazo y la muerte", explicó Francisco ante miles de personas que seguían el rezo en la plaza de San Pedro, muchas de ellas participantes, ayer, de la conclusiva misa del X Encuentro Mundial de las Familias.
"Jesús sabe que tendrá que sufrir mucho, y esto requiere una decisión firme", apuntó Bergoglio. "Es la misma decisión que debemos tomar nosotros si queremos ser discípulos de Jesús". Y no ha de ser como respondieron Juan y Santiago, que "indignados, sugieren a Jesús que castigue a esa gente haciendo bajar fuego del cielo" porque una aldea samaritana no acoge a su maestro.
"Jesús no sólo no acepta la propuesta, sino que reprende a los dos hermanos. Quieren involucrarlo en su deseo de venganza y Él no está de acuerdo", incidió. "Santiago y Juan, en cambio, se dejaron vencer por la ira. Esto también nos sucede a nosotros, cuando, aunque hagamos el bien, quizás con sacrificio, en lugar de acogida encontramos una puerta cerrada. Entonces surge la ira: incluso intentamos involucrar a Dios mismo, amenazando con castigos celestiales".
"Jesús, en cambio, recorre otro camino, el de la firmeza, que, lejos de traducirse en dureza, implica calma, paciencia, longanimidad, sin por ello aflojar lo más mínimo en nuestro empeño por hacer el bien", resaltó Francisco. "Esta forma de ser no denota debilidad, sino, por el contrario, una gran fuerza interior".
Porque "dejarse vencer por la ira en la adversidad es fácil, es instintivo". "Lo difícil, en cambio, es dominarse a sí mismo, haciendo como Jesús, que -dice el Evangelio- se puso "en camino hacia otra aldea" (v. 56). Esto significa que cuando encontremos cierres, debemos recurrir a hacer el bien en otro lugar, sin recriminaciones. Así, Jesús nos ayuda a ser personas serenas, contentas con el bien que hemos hecho y sin buscar la aprobación humana", subrayó Bergoglio.
"¿Y cuál es nuestra posición?", preguntó el Papa. "Ante los desacuerdos, los malentendidos, ¿nos dirigimos al Señor, le pedimos su constancia para hacer el bien? ¿O buscamos la confirmación en los aplausos y acabamos amargados y resentidos cuando no los escuchamos?".
"Nosotros no hacemos el bien por aplausos, sino por el servicio", recalcó. "A veces -finalizó- creemos que nuestro fervor se debe a un sentimiento de rectitud por una buena causa, pero en realidad la mayoría de las veces no es más que orgullo, combinado con debilidad, susceptibilidad e impaciencia".
"Pidamos entonces a Jesús la fuerza para ser como Él, para seguirle con firmeza. No ser vengativo e intolerante cuando surgen dificultades, cuando nos gastamos para bien y los demás no lo entienden".
En sus reflexiones tras el rezo, y después de recordar las situaciones en Ecuador y Ucrania, Francisco mostró su "cercanía a los familiares de sor Lucía, hermana de Foucauld, asesinada ayer en Puerto Príncipe". "Desde hacía 20 años estaba entregada al servicio de los niños de la calle. Encomiendo a Dios su alma, y rezo por el pueblo haitiano, especialmente por los pequeños, para que puedan tener un futuro (...). Sor Lucía hizo de su vida un don para los demás hasta el martirio".
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