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"Entre las muchas cosas que hacemos, no descuidemos la oración: dediquémosle tiempo, utilicemos breves invocaciones para repetir a menudo, leamos el Evangelio todos los días". En el último (y lluvioso) día de la Navidad romana, Francisco reflexionó en el Angelus sobre el Bautismo de Jesús. "Después de casi treinta años vividos en el escondimiento, Jesús no se presenta con algún milagro o subiendo a la cátedra para enseñar", explicó el Papa.
En cambio, "se pone en la fila con los pecadores que iban a recibir el bautismo de Juan. Comparte la suerte de nosotros, los pecadores, desciende hacia nosotros: baja al río como en la historia herida de la humanidad, se sumerge en nuestras aguas para sanarlas. No se eleva por encima de nosotros, sino que desciende hacia nosotros".
Y reza. "Jesús reza" en el momento en que recibe el Bautismo. "¿Pero cómo? Él, que es el Señor, el Hijo de Dios, ¿reza como nosotros?", se preguntó. "Sí, Jesús – lo repiten muchas veces los Evangelios – pasa mucho tiempo en oración: al inicio de cada día, a menudo de noche, antes de tomar decisiones importantes... Su oración es un diálogo vivo, una relación íntima con el Padre". Un ejercicio que supone un doble movimiento de Jesús: "por una parte, desciende hacia nosotros en las aguas del Jordán; por otra, eleva su mirada y su corazón orando al Padre".
"Es una gran enseñanza para nosotros: todos estamos inmersos en los problemas de la vida y en muchas situaciones intrincadas, llamados a afrontar momentos y elecciones difíciles que nos abaten", añadió Bergoglio. "Pero, si no queremos permanecer aplastados, tenemos necesidad de elevar todo hacia lo alto. Y esto lo hace precisamente la oración, que no es una vía de escape, no es un rito mágico ni una repetición de cantilenas aprendidas de memoria".
"Rezar es el modo de dejar que Dios actúe en nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones más difíciles, para tener la fuerza de ir adelante", recalcó Bergoglio. "La oración nos ayuda porque nos une a Dios, nos abre al encuentro con Él. Sí, la oración es la clave que abre el corazón al Señor. Es dialogar con Dios, es escuchar su Palabra, es adorar: estar en silencio encomendándole lo que vivimos. Y a veces también es gritar a Él como Job, desahogándose con Él".
Y es que, subrayó el Papa, "la oración abre el cielo, da oxígeno a la vida, respiro incluso en medio de las angustias, y hace ver las cosas de modo más amplio", y nos permite "tener la misma experiencia de Jesús en el Jordán: nos hace sentir hijos amados del Padre".
"Nuestro ser hijos comenzó el día del Bautismo, que nos ha inmerso en Cristo y nos ha hecho convertirnos en hijos amados del Padre. ¡No olvidemos la fecha de nuestro Bautismo! Y hoy preguntémonos: ¿cómo va mi oración? ¿Rezo por costumbre, desganado, sólo recitando algunas fórmulas? ¿O cultivo la intimidad con Dios, dialogo con Él, escucho su Palabra?", finalizó Bergoglio.
Tras el rezo del Angelus, Francisco mostró su "dolor" por "las protestas que se han dado en Kazajstán", y "deseo que se encuentre la armonía social a través del diálogo, la justicia y el bien común": "Encomiendo al pueblo de Kazajstán a la Virgen María, reina de la Paz".
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