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"En la Almudena criticamos la moral religiosa que esclaviza a las mujeres"
He participado en la “Revuelta de las mujeres en la Iglesia. Hasta que la igualdad se haga costumbre”, celebrada el 1 de marzo ante la catedral de la Almudena. Por delante de las personas reunidas pasaban de largo clérigos que se dirigían al recinto catedralicio sin preguntar qué hacíamos allí ni mostrar interés alguno por las pancartas con mensajes evangélicos y retratos de mujeres cristianas empoderadas como María Magdalena, Hildegarda de Bingen, Margarita Porete, Teresa de Jesús, Mary Ward, Simone Weil… ¿Insensibilidad patriarcal o misoginia?
La Revuelta se ha celebrado en un clima festivo y reivindicativo fraterno-sororal, con la denuncia del patriarcado eclesiástico que no reconoce a las mujeres como sujetos morales y eclesiales y las excluye de los diferentes ministerios al servicio de la comunidad y de los espacios de responsabilidad y la propuesta de alternativas inclusivas de las mujeres. La mirada estaba puesta en la utopía de “Otra Iglesia es posible y necesaria ya”, la referencia en el movimiento de Jesús como comunidad igualitaria de discípulas y discípulos y la guía en el feminismo.
Una de las críticas se dirigió a la moral represiva impuesta por las jerarquías eclesiásticas a las mujeres. Partiendo de esta crítica ofrezco a continuación la siguiente reflexión en forma de doble decálogo: el que las religiones –o mejor, los dirigentes religiosos- imponen a las mujeres y la moral alternativa de la emancipación de las mujeres.
. Obedecer a los padres, maridos, patronos, hijos, etc.
. Someterse, como manda la Biblia leída fundamentalistamente (por ejemplo, la Carta a los Efesios), que legitima la periodista italiana Constanza Miriano en su libro “Cásate y sé sumisa”.
. Aguantar los insultos, los malos tratos, los desplantes, las agresiones físicas, los desamores, los abusos sexuales…
. Soportar las cargas que le echen encima, como si fuera un animal de carga.
. Sacrificarse por los demás, sobre todo, por los hijos, esposos, etc. La expresión “qué sacrificada es esta mujer” es considera una virtud y un elogio, más que una humillación.
. Cuidar de las personas dependientes, enfermas, esposos, hijos, padres, madres y parientes en dificultades físicas o psíquicas, ¡hasta de las plantas! El cuidado se considera la vocación y el destino de la mujer. Una mujer que no se dedica al cuidado es considerada una haragana. Un hombre que no cultiva el cuidado es porque tiene una misión superior y otras tareas más importantes. La moral del cuidado es solo para las mujeres.
"La moral del cuidado es solo para las mujeres"
. Depender de, no tener vida propia, carecer de autonomía, de independencia en el pensar y en el actuar. “Quien depende de otra persona –se dice-, nunca se equivoca”.
. Perdonar, siempre perdonar, cualquiera fuere la ofensa o la afrenta recibida, incluso al violador en caso de agresión sexual.
. Ser humilde, recatada, comedida, discreta, que no llame la atención, invisible, recluida en el hogar (la mujer como “ángel del hogar”), que se traduce en “humillarse”.
- Renunciar al placer, al disfrute de la vida, al ocio, a la distensión. “La mujer –se dice- tiene que ser hacendosa, siempre tiene que estar ocupada para evitar las tentaciones”.
. Resistir al patriarcado, a la misoginia, al sexismo, al androcentrismo y no someterse a sus imposiciones. El patriarcado es una cárcel de la que hay que liberarse.
. Rebelarse contra la sinrazón, que se quiere imponer a las mujeres como verdad. Afirma Mary Wollstonecraft: “Las mujeres solo deben doblegarse a la autoridad de la razón”.
. Negarse a: decir “no”: “no es no” en todos los terrenos: sexual, afectivo, intelectual, moral, laboral, familiar...
. Empoderarse versus humillarse.
. Ser autónoma, independiente: tener un proyecto propio de vida. Escribe Mary Wollstonecraft: “El uso de la razón es lo único que nos hace independientes”.
· Compartir los cuidados, las tareas domésticas. La ética del cuidado no pertenece a la naturaleza de las mujeres ni es tarea única suya; debemos practicarla tanto hombres como mujeres.
. Exigir perdón ante las agresiones, arrepentimiento y propósito de la enmienda.
. Afirmar y defender la propia corporalidad. Afirma Eduardo Galeano: “Dice la ciencia: el cuerpo es una máquina. Dice el mercado: el cuerpo es un negocio. Dice la Iglesia: el cuerpo es pecado. Dice el cuerpo: yo soy una fiesta”.
. Defender la igualdad entre hombres y mujeres: Afirma Mary Wollstonecraft: “Las desigualdades entre los hombres y las mujeres son tan arbitrarias como las referidas al rango, la clase o los privilegios”.
"Afirma Eduardo Galeano: “Dice la ciencia: el cuerpo es una máquina. Dice el mercado: el cuerpo es un negocio. Dice la Iglesia: el cuerpo es pecado. Dice el cuerpo: yo soy una fiesta”"
Tener sentido festivo: disfrutar, gozar de la vida, de la amistad, del trabajo.
La ética feminista debe regirse por el imperativo que estableciera la ya citada filósofa feminista Mary Wollstonecraft (1759-1797): “No quiero que la mujer domine sobre el hombre, sino que sea dueña de sí misma”.
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