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"Francisco seguramente será recordado como el papa de los descartados del mundo"
Los últimos meses del pontificado de Francisco muestran un papa sólo, ad extra, amado por la gran multitud de hombres y mujeres de buena voluntad que reconocen en su voz y en sus gestos el abrazo misericordioso del Padre. Minorías excluidas han encontrado en sus declaraciones públicas si no el apoyo al menos el respeto por sus decisiones personales. La humanidad agradece al “papa de la pandemia” la fuerza de su palabra y de su oración la noche de la Statio orbis bajo la lluvia en una plaza de san Pedro desierta. Líderes del mundo se pelean por lograr una audiencia personal con quien se ha convertido en la mayor voz en favor de los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los enfermos y los excluidos del mundo; un líder mundial en el cuidado de la casa común y la economía solidaria. Si san Juan Pablo II fue el papa de los jóvenes, Francisco seguramente será recordado como el papa de los descartados del mundo.
Ad intra, la barca de la Iglesia se debate paradójicamente entre disputas de poder y reconocimiento de sectores que se niegan a obedecer religiosamente las determinaciones de Francisco. Influyentes cardenales e importantes obispos anteriormente colaboradores suyos en la Curia vaticana discuten sus decisiones de manera inédita. La última gota que desbordó el vaso fue, en los últimos días, el motu proprio Traditionis custodes del 16 de julio que restringe el rito tridentino en el mundo católico.
Los purpurados Sarah, Müller, Burke, Becciu, y otros eclesiásticos como el arzobispo Viganò han ido formando lentamente un grupo de contradictores de Francisco que inició con el diagnóstico a escarnio público de la Curia romana con ocasión de las felicitaciones navideñas del 22 de diciembre de 2014 y la carta sin respuesta sobre los famosos Dubia de los cardenales Burke, Caffarra, Brandmüller y Meisner.
Si los desórdenes de los abusos sexuales a todos los niveles y en todos los rincones del mundo sumados a la filtración de la correspondencia privada seguramente hicieron flaquear las fuerzas del genio teológico de Benedicto XVI, la contestación inescrupulosa de importantes miembros del clero por las posiciones permisivas con los fieles y rigurosas con la jerarquía por parte de Francisco pueden agravar su salud y la calma en la barca de la Iglesia. La comunión para los divorciados, la discusión sobre los curas casados, el silencio respetuoso ante las uniones homosexuales, el silencio frente a las decisiones del sínodo alemán, el impulso al camino sinodal, la reforma de la curia, la mayor participación de la mujer en la Iglesia y ahora las restricciones al rito preconciliar de la misa, están creando los presupuestos para un subrepticio golpe de estado.
Se comprende que Francisco sea la cabeza de un grupo de pensamiento que lidera la Iglesia. Es imposible para un individuo sostener decenas de discursos diariamente, redactar documentos de diverso tipo, escoger los obispos para todo el mundo. Sus leales colaboradores siguen sus indicaciones y los esquemas para sus pronunciamientos públicos. Por tal razón, la pelea de un grupo de cardenales contra el papa, que juraron hasta la sangre mantener la fidelidad a la Iglesia el día del consistorio en que fueron creados, no es sólo contra el papa. Es una lucha entre facciones de la Iglesia que sobrevivirá al final del pontificado y prepara un candente cónclave.
Francisco ha asegurado para su sucesor una mayoría en el cuerpo elector de los cardenales con pastores como él cercanos al pueblo, preocupados por los pobres y marginados, lejanos de las preocupaciones por las rúbricas litúrgicas y canónicas, es la manera de continuar con su legado. Sin embargo, en los consistorios para la creación de cardenales, en la mayoría de los casos ha escogido pastores cercanos a los 80 años; edad que los excluiría de un eventual cónclave.
El liderazgo moral de la Iglesia de Francisco está fuera de duda. El reconocimiento de la propia humanidad y limitación, el llamado a la misericordia y su batalla contra el clericalismo está calando profundo en el mundo.
Ahora que las fuerzas empiezan a fallar; que la voz se hace débil por los quebrantos de salud debidos a la estenosis diverticular y posterior intervención quirúrgica, el papa Francisco necesita más que nunca la oración de todo el pueblo de Dios. Intrigas de palacio quieren subvertir el orden alcanzado con su decisión de vivir en Casa Santa Marta y de volver al Evangelio sin glosa.
Gracias papa Francisco, ahora, en tu convalecencia se hace más palpable tu sufrimiento por la Iglesia y el cumplimiento de las palabras del Señor a sus discípulos: “Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,11-12); y aquellas otras a Pedro, “Cuando eras joven, te ceñías e ibas donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres…” (Jn 21,18)
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