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José Luis Retana podría asumir, en breve, las sedes de Salamanca... y la mirobrigense
La diócesis de Ciudad Rodrigo se erigió como tal el 13 de febrero de 1161, tras la reconquista de la Ciudad por las tropas cristianas, heredando el recuerdo de la desaparecida diócesis de Caliabria. 860 años después, las campanas de la diócesis están a punto de tocar 'a muerto'... si nadie lo remedia.
Y es que, según han confirmado a RD fuentes episcopales, todo parece listo para que, en los próximos días -presumiblemente durante la Asamblea Plenaria de la CEE-, el actual obispo de Plasencia, José Luis Retana, recale en diócesis vecinas, siendo nombrado obispo de Salamanca... y Ciudad Rodrigo. Una fórmula que ya se utilizó recientemente en el caso de Huesca y Jaca y que, aunque no supone 'de iure' la desaparición de la diócesis mirobrigense, sí que la aboca a una progresiva sumisión de la sede pequeña ante la más grande, donde residiría el obispo. De ahí, a la unificación, va un paso.
De confirmarse la elección, se pondría fin a un interregno de más de dos años, desde la renuncia (aún insuficientemente explicada) de Raúl Berzosa, con la administración apostólica de Francisco Gil Hellín, primero; y ahora, de Jesús García Burillo, a quien los fieles y las fuerzas vivas de la diócesis acusan de no haber hecho lo suficiente para asegurar la supervivencia de la sede. El impacto económico y social para una diócesis tan pequeña será tremendo.
El de Ciudad Rodrigo es un movimiento más dentro del proceso de renovación de la cúpula episcopal española llevada a cabo, no sin dificultades, por el Nuncio Bernardito Auza. Un proceso en el que se ha encontrado con numerosos palos en la rueda: desde la negativa de algunos candidatos a una campaña de descrédito de otros, llevada a cabo por los 'perdedores' de las últimas elecciones en la CEE y que, sin embargo, se mueven como pez en el agua en las tramas y las cordadas.
A ello, hay que unir las trabas puestas desde el Gobierno a la elección del candidato a suceder a Juan del Río en el Arzobispado castrense, al parecer finalmente desbloqueadas. Si no hay sorpresa mayúscula, José María Gil Tamayo saldrá de Ávila para regresar a Madrid, en esta ocasión, a la catedral de los militares.
Otros nombres suenan, cada vez con más fuerza, para cambiar de aires. De nuevo, el 'malquerido' Munilla, que tras aparecer en la terna para Salamanca (y desestimarse su candidatura a Tarazona por el evidente 'castigo' que supondría) podría recalar en Orihuela-Alicante. En los últimos meses, el prelado ha visitado el Levante en varias ocasiones, con participación en jornadas restaurativas (de las que, desde el 'caso Novell', nadie quiere hablar), y su marcha sería vista con alivio por un clero, el de San Sebastián, que ya no puede más.
Entre los posibles candidatos a San Sebastián, pero también a cualquier diócesis como titular, es el obispo auxiliar de Pamplona, monseñor Aznárez, cuyo papel está siendo reconocido por unos y otros. Y parece querer volar alto. En cuanto al otro auxiliar en ciernes, Luis Argüello, todos dan por hecho que protagonizará una 'transición pacífica' con Ricardo Blázquez, que en abril cumple los 80 años.
La salud de otros prelados marcará su futuro, así como los escándalos (no precisamente los filtrados por un determinado sector a los medios ultracatólicos, y a los que la Justicia colocará en su sitio, más pronto que tarde) derivados de los abusos de poder e inmobiliarios, que Roma conoce a la perfección. Y ojo, que en algún momento tendrán su merecido: canónica y penalmente.
Y es que, como se ha demostrado en el caso de González Montes en Almería (en noviembre debería sustanciarse su marcha definitiva), hay muchos modos de que el Papa, y quienes toman estas decisiones, estén informados. No necesariamente por los cauces 'tradicionales', que siguen copando los de siempre. Porque, por más que se quiera, algunas cosas nunca cambian. O algunos pretenden que no lo hagan. Curiosamente, los mismos que desearían que Bergoglio jamás hubiera llegado a ser Francisco.
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