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El portavoz Argüello o Jesús Sanz se retratan con su respaldo al cardenal Sarah
"He dedicado mi libro al Papa y la gente continúa diciendo que estoy en contra. Es estúpido". El cardenal Sarah se quejaba amargamente este jueves ante los que le achacan -le achacamos- ser uno de los frenos de la reforma emprendida por Bergoglio. Sin embargo, la realidad no soporta un titular. Hay tantas declaraciones del purpurado guineano negando legitimidad al Sínodo de la Familia, al de la Amazonía, a las múltiples afirmaciones del Pontífice sobre inmigrantes y refugiados, acerca de la los sacramentos y de la misericordia, que jamás terminaríamos. Y no es el tema de este post.
Sí lo es, por grotesca, la presencia de algunos obispos junto a Sarah en Madrid. En pleno Comité Ejecutivo, y sin contar con la aprobación -ni siquiera la consulta- al ordinario del lugar, el cardenal Osoro. El paso adelante más sonoro es el del cardenal Rouco quien, ya sin caretas, lidera la oposición a Francisco en España. En primera fila del Aula Magna del CEU, el purpurado asistió a la conferencia en la que el purpurado se despachó a gusto contra los homosexuales, la igualdad hombre y mujer o la sociedad laicista que tiene la culpa de todos los males que en el mundo han sido.
Se entiende la presencia del cardenal Cañizares -que abandonó antes de que concluyera el Ejecutivo-, cuando menos por razones de decoro: Sarah es su sucesor al frente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y el protocolo exigía su presencia. Con todo, hay imágenes que es mejor que no se den.
Los que sí sorprendieron -y desagradaron- a un cada vez más amplio sector de los obispos españoles fueron el actual portavoz, Luis Argüello, y el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz. Del segundo no se esperaba otra cosa, siendo como es el 'delfín' del cardenal Rouco (con permiso del ya jubilable Fidel Herráez), el elegido para recuperar los sillones de Bailén y Añastro para la causa. Más extraña fue la presencia, tan notoria, del primero, que no deja de ser un obispo auxiliar y que, como es preceptivo, debía haber informado al cardenal de Madrid. Al actual, no al que vive en la torre junto al Viaducto.
Luis Argüello no pidió permiso a Osoro, quien ya había mostrado su incomodidad por la presencia de Sarah en su diócesis no haciendo acto de presencia en el acto organizado por los propagandistas. Hay ausencias que se hacen muy visibles, como invitaciones que también definen objetivos. Y el acto de este jueves no fue precisamente un ejercicio de fidelidad y apoyo sin fisuras al actual Pontífice. El portavoz, tal vez, haya cometido su primer gran error al frente de la Secretaría general del Episcopado. Y en un momento crucial.
¿Por qué? Porque en apenas una semana los obispos se reúnen en Asamblea Plenaria, la última que presidirá el cardenal Blázquez, quien en marzo no será reelegido para un tercer mandato (necesitaría dos tercios -algo que no consiguió ni siquiera el cardenal Rouco-, y tiene 78 años). ¿Y quién le sucederá? Hasta el momento, los únicos que habían dado un paso al frente eran el sector más conservador. No había 'polo' pro Francisco en España, apenas algunos prelados, nombrados por el Pontífice, y que intentaban que sus diócesis implantaran el modelo de 'Iglesia en salida' por el que Bergoglio fue elegido Sucesor de Pedro en el cónclave de marzo de 2013.
Casi siete años después, y con el sector conservador desatado -ya han dado por descontado que el de Francisco no es un pontificado de transición-, la Iglesia moderada ha decidido dar un paso adelante. Y ya tiene un candidato: el cardenal de Barcelona, Juan José Omella.
Esta próxima semana, la Ciudad Condal acogerá un congreso internacional sobre la aportación del Papa Francisco a la teología y la pastoral en la Iglesia. Con la presencia de primeros espadas de la Iglesia universal, como los cardenales Zuppi, Ladaria o Kasper, y con el apoyo decidido del cardenal Osoro (que ya ha asumido que Rouco no le permitirá ser presidente del Episcopado en marzo). El propio Osoro intentó, y llevó a Madrid, la cumbre mundial por la paz de la Comunidad de Sant'Egidio, pero se encontró con el vacío episcopal y un curioso silencio de los medios.
En Barcelona no sucederá. Todos los obispos catalanes han hecho suya la convocatoria, que se convertirá, sin lugar a dudas, en la punta de lanza del movimiento de los obispos 'pro Francisco' para evitar que los ultraconservadores vuelvan a tomar el poder en Añastro (sede de la Conferencia Episcopal).
Ahora mismo, se atisban tres frentes: el conservador, rocoso y sin fisuras, con una quincena de 'obispos de hierro' y varios prelados que deben la mitra (y la fortuna) a Rouco Varela; el reformador, con Omella y Osoro como principales valedores, y con el apoyo del propio Francisco; y un tercero, el de los obispos levantinos, una minoría que siempre ha fluctuado en función de otros intereses, y que en esta ocasión se antoja definitivo para decidir quién dirigirá la Iglesia española en los próximos años.
Según esta tesis, el cardenal Cañizares, actual vicepresidente y que podría aspirar a la presidencia (aunque cumple 75 años en octubre de 2020), sí se convertirá en uno de los grandes decisores. Su presencia en la conferencia de Sarah podría hacer pensar en un giro a la derecha, pero su fidelidad sin fisuras a Pedro -sea Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco- habría de llevarle a apoyar al polo renovador. Que, después de casi siete años, al fin, existe. Y quiere exhibir músculo y programa. El de la primavera de Francisco.
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