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Francisco se muestra perfectamente informado de lo que sucede en nuestro país
La Santa Sede tiene un plan para España... mal que les pese a muchos obispos españoles. Un plan que se está trazando, y apuntando, durante la visita ad limina (este viernes ha concluido la segunda tanda, con la presencia de los cardenales Omella y Cañizares), y que tendrá continuidad en los próximos meses. Y es que Roma ya cuenta con su propia 'agenda' para la Iglesia de nuestro país.
¿Y cuál es esa agenda? Por fases, sin prisas, y apostando por "el bien común", como confesaba esta misma semana, desde la Ciudad Eterna, el propio cardenal Cañizares. Con varios ejes que preocupan, y mucho, en la Santa Sede. Desde los Acuerdos Iglesia-Estado (la voluntad de Roma es consensuar una reforma que los adecúe al siglo XXI, y hacerlo, si puede ser, durante el mandato de un Gobierno socialista, que negocia, y bien, con el estamento eclesial) a la ley de Libertad Religiosa, aspecto que preocupa, y mucho, en la CEE, dada la "evolución laicista" de la sociedad española.
Los plazos, que aún no se han fijado (de hecho, todavía no ha habido comunicación oficial con el Gobierno) pasan por tres etapas: la primera, que se está produciendo, con las visitas de todos los obispos; la segunda, con la aceptación del plácet de la embajadora propuesta por el Ejecutivo, Isabel Celaá (vista con malos ojos por buena parte del Episcopado, para quien la ex ministra de Educación es poco menos que la responsable de los 'ataques' contra la enseñanza concertada y la clase de Religión con la reforma educativa que lleva su nombre); y solo después, se producirá una comunicación para comprobar si la propuesta lanzada por el PSOE en su último Congreso Federal (reformar de manera consensuada los acuerdos, no denunciarlos) sigue en pie.
Los procesos negociadores, en todo caso, aunque arranquen y culminen en Roma, tendrán su día a día en el diálogo con los responsables episcopales, con Omella a la cabeza. De hecho, Omella se encontrará con Bolaños la semana que viene, en un intento de consolidar la dinámica de diálogo planteada desde la Santa Sede.
En este punto, el papel que pueda tener el portavoz episcopal, Luis Argüello, dependerá en buena medida del futuro de la diócesis de Valladolid u otros destinos para el que postulan al auxiliar y que, de darse de inmediato, impedirían que continuara al frente de la Secretaría General de la CEE.
Fuentes consultadas por RD sostienen que lo que sí parece claro es que "el Vaticano, y el Papa Francisco, están muy bien informados de lo que sucede en España, y no sólo desde los cauces habituales”. Prueba de ello fue el encuentro, llevado a cabo hace un mes, entre Bergoglio y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que “voluntariamente” se llevó a cabo antes de la visita ad limina.
Los obispos, como demostraron en rueda de prensa Omella, Cañizares y Planellas (y como antes lo hicieron los prelados de la primera tanda), salen de Roma contentos, confiados y con muchos deberes anotados. El primero, bajar el diapasón, aunque a más de uno (como se ha visto) le cueste. El segundo, afrontar de una vez por todas la renovación episcopal (aquí hay que reconocer que se están poniendo las pilas).
El tercero, dejar de poner paños calientes a la gestioón de los abusos sexuales este mismo lunes, durante su tradicional discurso de comienzos de año al Cuerpo Diplomático, Bergoglio exigió "una firme voluntad de esclarecimiento" ante los "crímenes" de la pederastia clerical, “para hacer justicia a las víctimas y evitar que semejantes atrocidades se repitan en el futuro.
Y la Iglesia española, con la italiana, es la única que sigue sin anunciar una investigación general. La solución, dicen algunos, está en nombrar a un responsable específico para la gestión de los abusos, laico, con 'mando en plaza' y con la libertad suficiente para poder hablar en nombre de la Iglesia. ¿Se atreverán nuestros obispos? Deberían, aunque después pueda ocurrir lo mismo que a la ex portavoz del episcopado francés. Pero, y este es el cuarto deber: es la hora de los laicos.
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