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El Paraninfo de la Hispalense acoge el inicio del nuevo foro, un espacio de reflexión permanente
(Archisevilla).- Este mediodía, cuatro años y cinco meses después de que monseñor Juan del Río Martín -«Juan», como solía presentarse, a secas y sin mayor protocolo- falleciera víctima de la pandemia del Covid, la Universidad de Sevilla ha tributado un merecido homenaje a quien tanto hizo durante trece años (1987-2000) por el diálogo entre la fe y la cultura, a quien tanta huella dejó en una comunidad universitaria que hoy se ha vuelto a encontrar en la estancia más noble de la Hispalense.
Un homenaje en forma de cátedra que lleva su nombre y que, para empezar, ha servido para unir voluntades, desde la empresa a las hermandades, desde Sevilla a su Ayamonte natal, pasando por el Jerez de su primera mitra, el Madrid donde desempeñó su ministerio como arzobispo castrense, el Almonte de sus más íntimas devociones familiares o la villa de Pilas, cuya ciudadanía siempre llevó a gala.
Como ha afirmado su sobrino Juan Jesús Martín, profesor de la Universidad de Sevilla y uno de los principales impulsores de esta iniciativa, «se podrá decir que esta sería la primera cátedra universitaria en España a nombre de un arzobispo y en el seno de una universidad pública».
"Se podrá decir que esta sería la primera cátedra universitaria en España a nombre de un arzobispo y en el seno de una universidad pública"
La Cátedra Arzobispo Juan del Río Martín se ha convertido desde hoy en «un espacio de reflexión permanente en el seno de la Universidad de Sevilla sobre el diálogo cultura y fe, y su aportación a la configuración y comprensión del mundo actual». Igualmente, y en consonancia con el Servicio de Asistencia Religiosa (SARUS) en cuya creación fue tan decisiva la impronta de don Juan, esta cátedra se presenta ante la comunidad universitaria como un foro para «reflexionar sobre los temas fundamentales que configuran la existencia humana, desde una perspectiva interdisciplinar y en diálogo entre diversos saberes científicos». En representación del rector de la Universidad, ha presidido el acto del director del Secretariado de Relaciones Institucionales de la Hispalense, Andrés Luque.
El nacimiento de la cátedra ha llegado acompañada de otra buena noticia relacionada con monseñor Del Río. Esta misma mañana, la Universidad de Sevilla ha establecido un fondo bibliográfico que lleva el nombre del primer director del SARUS, compuesto por los 2.447 volúmenes que conformaban la biblioteca de mons. Del Río. Libros de temática teológica en su mayoría, que ya han sido puestos a disposición de los usuarios de la biblioteca universitaria.
"Deseaba que sus sacerdotes y laicos pudieran dar razón de nuestra fe en este mundo difícil"
Como ha recordado Juan Jesús Martín en un emotivo discurso, «don Juan destacó además como un impulsor de vocaciones sacerdotales y laicas». Entre las primeras pueden dar fe de ello el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Ramón Valdivia; el actual párroco de Santa María Magdalena, Francisco Román; o el capellán de la Real Maestranza, Juan Luis García. Los tres asistieron, varios lustros después de sus primeros pasos por los pasillos de la Fábrica de Tabacos, a este homenaje póstumo a quien, en palabras de Federico Mantaras, «tanta preocupación mostró por la formación de los fieles, porque sabía que para vivir bien había que creer bien». Don Juan, afirmaba Mantaras, «deseaba que sus sacerdotes y laicos pudieran dar razón de nuestra fe en este mundo difícil».
El discurso de presentación de la cátedra concluyó con una sentida alusión a una frase habitual de don Juan del Río que demuestra hasta qué punto las invocaciones más solemnes pueden caer en el error más evidente. Solía decir a su sobrino: «Niño, cuando yo me vaya nadie se acordará de mí». Los que este mediodía se han reunido en la estancia más noble de la Hispalense son la viva demostración de que monseñor Juan del Río Martín -Juan, a secas- también se equivocaba. Como ha reconocido su sobrino al término de su exposición, «todos aquellos que estos años, cuando hemos cerrado nuestros ojos y hemos necesitado unas palabras, unas sonrisas y un consejo, te hemos echado de menos y seguimos echándote de menos».
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