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El ex ministro socialista diserta en la Semana social de Burgos sobre 'la polarización en la política'
“Un hombre que ha entendido la vida política y la vida humana, para estar a la escucha de los sueños de las personas y de la sociedad”. Así definió el jesuita Manuel Plaza al político socialista y exministro Ramón Jáuregui, que intervino ayer en la Semana Social de Burgos con una conferencia sobre ‘La polarización de la política y su humanización’.
Jauregui, que está jubilado, sigue trabajando en una ONG de cooperación internacional y continúa dando ejemplo de vida: Vino de Madrid a Burgos en autobús y, al terminar su conferencia, regreso en autobús a la capital de España, tras dejarnos a los numerosos presentes, reunidos en el salón de actos del CIE, una conferencia profunda, didáctica, realista y esperanzadora.
El político socialista comenzó haciendo una comparación del pasado reciente con la actualidad. “Hace 50 años que me comprometí con la política en la UGT y, entonces tenía la percepción de que todo mejoraba. Hoy, en cambio, vengo a deciros que el mundo está muy mal”.
A su juicio, la perspectiva de un mundo mejor se vino abajo con la crisis del 11-S, con la consiguiente crisis financiera y con la aparición de los llamados “hombres fuertes” de la política. “Este infierno quema toda la esperanza dibujada el siglo pasado” y, además, “sobre este telón de fondo se dibujan escenarios preocupantes.
Y Jáuregui describió algunos de estos horizontes. Como el militar, con el “dominio imbatible de Estados Unidos”, mientras en el económico “hay un equilibrio mayor entre USA y China”. En cambio, en el plano internacional se dibuja un mundo “multipolar”, mientras en el ámbito tecnológico “la tecnología está en manos del capital privado, con grandes empresas a las que no controla nadie”.
Por eso, el político vasco concluyó este primer esbozo, afirmando que “los síntomas de la crisis de las democracias son evidentes, el 70% de la población mundial vive en regímenes no democráticos, la aceptación de los resultados electorales no se cumple y los poderes legislativo y judicial se devalúan frente al ejecutivo”.
¿Cuáles son las causas de esta situación? El ponente subrayó algunas, como la reaparición de los nacionalismos y de los populismos, el predominio de lo ‘woke’, que devalúa la vieja causa de la igualdad o la destrucción del edificio deliberativo a manos del falso protagonismo de Internet.
“Todo esto explica la polarización, que, en las redes, se ha convertido en un instrumento político, que roza el odio y la descalificación y busca la demonización del adversario, al tiempo que los medios de comunicación clásicos alimentan a sus respectivos grupos polarizados de lectores”, explicó Jáuregui, para concluir su diagnóstico de la situación actual.
A continuación, pasó a diseñar las líneas de acción frente a este polarización rampante, con un decálogo:
1/ Máximo respeto por las reglas del Estado de derecho, porque “la democracia no es el cómo, sino el fin; no es un instrumento, sino el marco”.
2/ Las instituciones de la democracia tienen que ser creíbles y ser fortalecidas.
3/ Aceptación de la derrota electoral
4/ Los filtros del poder, los ‘checks and balances’
5/ La reivindicación de una laicidad respetuosa con el hecho religioso
6/ El respeto al otro, la tolerancia y el respeto al pacto
7/ La gobernanza de sociedades diversas y multiidentitarias
8/ La regulación de las redes sociales por los poderes públicos, para que no se destruya el edificio deliberativo y, para eso, el ponente propuso, más en concreto, “la supresión del anonimato, que está convirtiendo la Red en una cloaca”
9/ La democracia no puede olvidarse del contrato social
10/ La regeneración democrática necesita la articulación de la sociedad civil
Según Jáuregui, aplicando este decálogo, se podría hacer frente “al virus creciente de la polarización, para ir caminando hacia otro modelo de gobernanza en el mundo, “porque, en estos momentos, la ONU no pinta nada, lastrada por el veto de las cinco potencias”.
Además, habría que poner en marcha “una economía más regulable”, “una ordenación económica nueva, que evite la desigualdad”, con empresas que participen en las grandes causas de la igualdad y de la responsabilidad social, asi como avanzar en acuerdos multilaterales y en el fortalecimiento del Tribunal penal internacional. Una fuerte ovación puso el broche de oro a una conferencia de un político distinto, que sigue siendo capaz de soñar con el pueblo y para el pueblo.
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