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"El nivel musical en los monaguillos es altísimo", dice su nuevo director, Pau Jorquera
(Agencia FLAMA).- Minutos antes de la una del mediodía y de atravesar un recorrido interno de la abadía de Montserrat para llegar al presbiterio del monasterio benedictino, 33 chicos de entre 10 y 14 años calentaban la voz, este miércoles 27 de agosto por la mañana, para volver a acompañar musicalmente a los peregrinos en el cuarto día de su curso como integrantes de la Escolanía de Montserrat. Otros 7 —sin la indumentaria tradicional al estar en sus primeros días de formación— los miraban embelesados, si bien tendrán todo un año para ensayar diariamente y convertirse en las nuevas voces blancas de un coro dirigido desde este mes de agosto por el barcelonés Pau Jorquera (1982).
Un director que este pasado domingo 24 de agosto tomaba el relevo a Llorenç Castelló, con once años de experiencia al frente de este grupo de chicos preadolescentes, y que presentaba, también este miércoles, una nueva temporada educativa y musical de la Escolanía. Un total de 10 meses en que los monaguillos acabarán haciendo hasta 434 servicios litúrgicos al santuario, “visitado por más de dos millones de personas cada año”, como indicaba en esta presentación el prefecto de la Escolanía y monje benedictino Efrem de Montellà.
Y unos meses en que los chicos compaginarán sus estudios básicos desde “el único centro educativo que no ha visto alterada su continuidad desde 1307”, continuaba el religioso refiriéndose a la escuela que comparte espacio con el cenobio dedicado a la Virgen María de Montserrat, con una veintena de actuaciones, según el monje, “desvinculadas de la liturgia, es decir, fuera del perímetro de estas montañas que nos rodean”.
Los cuarenta monaguillos montserratinos, “a los cuales inculcamos los valores de la vida benedictina desde que entran por la puerta”, admitía Efrem de Montellà, pasarán los próximos meses por Bruselas, Roma o Hungría, llevando los repertorios aprendidos por ciudades catalanas como Barcelona, Reus, Terrassa o Sabadell. “Salir de Montserrat, como se pone en práctica desde hace más de medio siglo, convierte todavía más la Escolanía en un elemento querido y respetado por el conjunto de la sociedad, al margen de ser creyente o de no serlo”, proseguía, por su parte, un Jorquera para quien es “importante” que exista una continuidad musical después de estos años de aprendizaje y de acceso a un mundo “que pocos niños pueden disfrutar“.
Mientras, entre bambalinas, el cambio progresivo (y natural) de la voz en los monaguillos obliga a un ejercicio constante de adaptación musical en estos primeros compases del curso, un grupo de profesionales vela, por ejemplo, por la salud vocálica de un grupo de niños que “tiene una carga vocal que podría tener un cantante profesional”, como reconocía Jorquera, quien estará acompañado por el profesor de música Josep Miquel Mindán al frente de una de las escuelas benedictinas más antiguas de Europa.
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