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El arzobispo de Valencia, en defensa y homenaje a la Mujer en el 8-M
El Cardenal Cañizares, Arzobispo de Valencia, ha señalado hoy 8 de marzo “quiero, una vez más, rendir homenaje a la mujer y contribuir a propugnar la defensa de sus derechos inviolables, más hoy que con frecuencia no es considerada como merece”.
El Cardenal ha reclamado una reacción contundente porque “en su defensa firme no podemos olvidar los sufrimientos y amenazas a su verdad y dignidad. Repetidamente, -este año está siendo particularmente terrible en este punto- los medios de comunicación social nos alertan sobre los malos tratos, las agresiones y violencia de los que la mujer está siendo víctima con incomprensible frecuencia, la trata de mujeres tan cruel, denigrante y vejatoria. Suceden deplorablemente hechos violentos de muerte o de sangre, o de agresiones sexuales, o de imposición del matrimonio a niñas en países del subdesarrollo, explotaciones inhumanas, violaciones, vejaciones e injusticias, tantas otras agresiones y hechos denigrantes, que debería provocar, con toda razón y justicia una reacción unánime y clamorosa frente a estas agresiones contra la mujer, que, por desgracia, constituyen hoy una de las violaciones más difundidas de los derechos humanos y de la dignidad de la persona humana, así como del bien común. Y no sólo la condena, sino que debería haber una defensa sin fisuras e inquebrantable por parte de todos, firme, firmísima, de la mujer”.
El Arzobispo de Valencia considera que no basta con la condena sino que proactivamente “junto a la condena y el rechazo más completo de tales crímenes, agresiones y vejaciones, es necesario promover decididamente iniciativas concretas que eliminen todas las formas de violencia, agresión y esclavización. Entre estas especialmente se requieren medidas legales apropiadas. Se impone, al mismo tiempo, un arduo trabajo educativo y de promoción cultural para que se reconozca y se respete la dignidad de cada persona, por tanto de la mujer. En efecto, hay algo que no puede absolutamente faltar en el patrimonio ético-cultural de la humanidad entera y de cada persona: la conciencia de que los seres humanos –hombre y mujer- son todos iguales en dignidad, merecen el mismo respeto y son sujetos de los mismos derechos y deberes.
El Cardenal Cañizares destaca la perspectiva de la antropología cristiana, “en la que toda persona tiene su dignidad inviolable, no devaluable, ni vulnerable ni mucho menos suprimible. El hombre y la mujer, por el hecho de ser personas, son iguales en dignidad. La imagen de Dios se refleja en todos los seres humanos sin excepción alguna. Como persona, la mujer no tiene menos dignidad que el hombre. Y por eso, no puede convertirse en modo alguno en objeto de dominio, ni de posesión masculina, ni de vejación o minusvaloración por parte del varón. Desgraciadamente, el mensaje cristiano sobre la dignidad inviolable de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que trata de imponerse contraria a la mujer, que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, como instrumento del interés egoísta y del sólo placer, considerada como un objeto del egoísmo masculino, o de dominio de diferentes agentes de poder, manifestado en muchas formas del pasado y en nuestros días”.
“Esta mentalidad produce frutos muy amargos, como el desprecio e instrumentalización de la mujer, los malos tratos, la violencia sexual, las violaciones, la pornografía, la prostitución - tanto más cuanto esta es organizada, a veces desde posiciones cercanas al poder- y todas las discriminaciones que se encuentran en el ámbito de la educación, de la profesión, de la retribución del trabajo, de la maternidad, de las labores domésticas, entre tantas otras”.
“Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual y de toda violencia y agresión que con frecuencia tiene por objeto las mujeres. Y esto sencillamente en nombre del respeto a la persona”, afirma el Cardenal Cañizares.
El Arzobispo de Valencia hace un llamamiento a todos, y de manera muy especial a los cristianos, “a una acción enérgica e incisiva, decidida y eficaz, a fin de que estas situaciones sean vencidas definitivamente; todos nos sentimos urgidos a luchar contra las formas de discriminación y degradación que asumen esta mentalidad imperante, incluso cuando se expresa en espectáculos o en publicidad encaminados a acentuar la carrera frenética del consumo. También las mujeres deben contribuir ellas mismas a lograr el respeto de su persona no rebajándose a ninguna forma de complicidad con lo que va contra su dignidad, como que la perfección para la mujer no consiste en ser como el hombre. La verdadera promoción de la mujer consiste en promoverla con su realidad específica de personalidad humana inalienable”.
El Cardenal Cañizares ha pedido “urgencia en alcanzar en todas partes la efectiva igualdad de la persona en su diferencia, es urgente que por todos sea reconocida la dignidad de cada ser humano por el hecho de serlo, nos apremia una cultura y una educación donde la persona,-hombre y mujer-, sea respetada y reconocida sin ninguna reticencia. En nuestras manos, en las de todos está, el hacer lo necesario para devolver a las mujeres el pleno respeto de su dignidad y su papel. Es necesario avanzar en la legislación en que todo esto quede garantizado, y en decisiones no ceder ante ideologías degradantes de la verdad de ser mujer. Se trata de un acto de justicia, pero también de necesidad”.
El Cardenal Cañizares recuerda las palabras de San Juan Pablo II: “Si nuestro siglo, en las sociedades liberales, está caracterizado por un creciente feminismo, se puede suponer que este feminismo sea una reacción a la falta de respeto debido a toda mujer… Quizá un cierto feminismo contemporáneo tenga sus raíces precisamente en la ausencia de un verdadero respeto por la mujer”. Para el Papa San Juan Pablo II no era ajena la problemática actual, ni los movimientos feministas radicales porque siempre tuvo como modelo la Virgen María. Las sociedades de hoy necesitamos ir a los fundamentos antropológicos en los que se sienta una verdadera consideración de la mujer, ahí radica su liberación. Esforcémonos, luchemos, por conseguirla sobre esas bases y fundamentos. Las mujeres encontrarán en María, la más grande de las mujeres, el secreto de conseguir para sí un progreso verdadero”.
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